Un premio Nobel muy oportuno para la política energética española

Este año, los premiados con el Nobel de Ciencias Económicas han sido Paul Milgrom y Robert Wilson, por su trabajo en el diseño de subastas. Aquí podéis leer la nota de prensa del premio, y aquí el comentario de Tim Harford y el (algo más friki) de Kevin Bryan.

Milgrom y Wilson se dieron a conocer fundamentalmente por el diseño de las subastas de radiofrecuencias en EEUU, con el que consiguieron asignar de forma eficiente las frecuencias y a la vez maximizar los ingresos del gobierno, y por tanto, el interés público. Estas subastas eran particularmente complejas porque se mezclaba el valor privado (el que cada agente concede al bien subastado por sus circunstancias particulares) y el valor público (el que el mercado da a ese bien). Y aquí los distintos formatos de subasta no eran equivalentes. Cuanto más información ofrezca el que subasta, mejor resultado conseguirá, entre otras cosas.

Este problema es similar al que plantea uno de los elementos fundamentales de la política de transición energética en España, las subastas de renovables. Los agentes pujan no sólo en función del coste de la tecnología que ofrecen, sino también de sus contextos de mercado (lo que explica por ejemplo pujas muy bajas para ganar cuota o puntos de acceso, como en la subasta portuguesa), o en función del valor esperado de la producción renovable en el futuro.

En estas subastas, el interés público se maximiza cuando el precio resultante de la subasta (y por tanto el coste para los consumidores) es mínimo…siempre que no haya interacciones con el mercado eléctrico. Pero haberlas haylas: por ejemplo, si en la subasta lo que se ofrece es un precio suelo, pero los productores pueden vender también su producción en el mercado, puede haber un incentivo a que estos precios suban. Lo mismo pasa si la puja en la subasta es por un contrato por diferencias, en función de cómo esté diseñado. Por lo tanto, a la hora de maximizar el bienestar social, hay que diseñar cuidadosamente la subasta, y tener en cuenta sus interacciones.

Aquí es donde la sabiduría de Milgrom y Wilson (o de Paul Klemperer) para diseñar subastas complejas, pero realistas, sería muy bienvenida. Por ejemplo, ¿cómo introducir criterios distintos de los económicos?¿Cómo organizar subastas simultáneas para distintas tecnologías?¿Cómo evitar la maldición del ganador?¿Cómo evitar la colusión, o minimizar el poder de mercado en la subasta y en el mercado eléctrico resultante? Visto la cantidad de potencia renovable que se tiene pensado subastar, y por tanto la cantidad de dinero que nos jugamos, un poquillo de sabiduría Nobel vendría estupendamente.

PS: El video de Wilson despertando a Milgrom con porrazos en su puerta, a las 2.15 de la mañana, para darle la noticia, no tiene desperdicio.

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