El precio del petróleo, emisiones y políticas públicas

Si la energía es de por si un campo complicado para los economistas, por sus características técnicas, el entorno cambiante al que nos enfrentamos en los últimos años hace todavía más complejo nuestro trabajo. En otras ocasiones hemos comentado en el blog lo poco que se parece el mundo energético actual al de no hace tanto tiempo, después de la irrupción del shale gas, Fukushima, o el abaratamiento de las energías renovables. Hoy me voy a ocupar de otro ‘game changer’: la considerable caída del precio del petróleo en los últimos meses. En junio de 2008, poco antes de que la crisis financiera explotase, el barril de petróleo rondaba los 150 US$ y hoy está por debajo de los 40 (después de bajar de los 30 a finales de enero, algo no visto desde 2003-ni siquiera en los momentos más dramáticos de la crisis económica global). En este post voy a intentar apuntar algunas implicaciones de los bajos precios del petróleo, sobre todo en términos ambientales y de políticas públicas, sin otro objetivo que organizar argumentos para facilitar la reflexión y el debate. En todo caso, espero profundizar en algunas de las cuestiones aquí enumeradas en futuras entradas.

Oil Barrels with Red Arrow isolated on white background. 3D render

Quizá lo primero que deba aclarar es que este post no pretende detallar por qué hemos llegado a esta situación de precios bajos. Probablemente no soy la persona adecuada para ello y, además, sería pretender demasiado de una entrada ya bastante cargada de contenidos. Sí conviene indicar, en cualquier caso, que las explicaciones abundan para cualquiera que bucee en la web o en medios más especializados. En algunos casos como el recientemente comentado en el blog de Pedro, las interpretaciones son solventes desde un punto de vista académico; en otros abundan narrativas más propias de novelas o series de acción. Esto último es en cierta medida normal por lo mucho que está en juego desde un punto de vista geopolítico y socio-económico y, si no, observemos lo que está ocurriendo en muchos de los grandes productores de petróleo últimamente: Arabia Saudí, Irak, Libia, Venezuela, Rusia… En ese contexto se entiende mejor la reciente propuesta del super-ministro alemán Schäuble de crear un impuesto europeo sobre los carburantes que pueda financiar los costes de la inmigración a gran escala desde Oriente Medio.

Lo que sí parece probable es que nos encontramos ante un cambio estructural, una disrupción que va más allá de los desacoples de oferta y demanda que habitualmente hemos asociado a las oscilaciones de precio (véase en el gráfico de abajo el efecto del sobre-calentamiento del mundo emergente en los años previos de la crisis, la crisis y recuperación). Y esta disrupción está probablemente relacionada con la aparición del ‘shale oil’, que en pocos años pasó a representar el 50% de la producción en EE.UU y cuya flexibilidad (disponibilidad rápida de ajustar oferta ante cambios de precio) y gran potencial en lugares como Argentina o China hacen que la capacidad de influir el mercado por parte de los grandes productores tradicionales se haya reducido considerablemente y, con ella, probablemente los episodios de precios estratosféricos. Porque no olvidemos que el precio medio, en términos reales, del barril de petróleo en los últimos 150 años es de… 35 US$. Las implicaciones de este fenómeno son de amplio alcance, por ejemplo en términos de seguridad energética (en sentido amplio y estricto), tema por cierto de nuestro próximo informe anual.

 

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Evolución de los precios del petróleo en US$ (West Texas)

Las cuestiones que más me intrigan al observar la caída brutal de los precios del petróleo en los últimos meses no son tanto sus causas como las implicaciones sistémicas, en particular sus consecuencias sobre las emisiones de gases de efecto invernadero, y el efecto sobre las políticas energéticas actuales. Los que conocéis mis opiniones y trabajos académicos ya podéis imaginaros mi reacción inicial a este fenómeno: aumento de emisiones, impacto negativo sobre desarrollos de tecnologías bajas en carbono y mayor necesidad de corregir precios a través de políticas públicas. Sin embargo, las cosas no son tan simples cuando se exploran con algo de profundidad y  menos cuando estamos hablando de economía energética…

En efecto, lo primero que me vino a la cabeza al observar el fenómeno es la denominada ‘paradoja verde’. Ante la expectativa de políticas que lleven de dejar bajo tierra gran parte de las reservas de fósiles para mantener la temperatura dentro de los límites marcados por el Acuerdo de París, ya apuntadas en este blog, los grandes productores (léase Arabia Saudí) pueden acelerar la extracción y fomentar su uso en el corto plazo. Los bajos precios modificarían hábitos de comportamiento y harían menos atractivas las inversiones en tecnologías bajas en carbono (cuya operación se vuelve más cara en términos relativos) y llevarían por tanto a incumplir los objetivos climáticos. ¿O no?

Empecemos con los efectos de los cambios de precios. Aunque me duela decirlo, nuestra capacidad de inducir cambios de comportamiento (a nivel personal y empresarial) mediante precios se encuentra relativamente limitada por la escasa reacción observada en el mundo real. Acabamos de publicar como WP de Economics for Energy un meta-análisis sobre la elasticidad precio de la demanda de energía (mucho más amplio y actualizado que los existentes en la literatura) que deja claro que nos encontramos ante bienes inelásticos en el corto, medio y largo plazos, sin que la evolución tecnológica y socio-económica de las últimas décadas parezca haber incidido en su modificación. De manera que, afortunadamente en este caso, no debemos esperar grandes efectos negativos por esta vía. No obstante, en una interesante entrada de hace unos meses, Max Auffhammer nos indicaba que los precios bajos de la gasolina (muy lejos de los costes sociales en EE.UU por la mínima fiscalidad existente) sí podían influir en decisiones de inversión, por ejemplo fomentando la compra de coches potentes/ineficientes con la creencia de que estos precios se mantendrán en el futuro, y por tanto en mayores emisiones futuras (lock-in).

Por otro lado, ¿afecta el precio del petróleo a las tecnologías renovables más extendidas? No directamente, puesto que no es su competidor directo en el sector eléctrico (donde su expansión y potencial son mayores). Sí indirectamente, a través del precio del gas, aunque la relación entre ambos se ha debilitado considerablemente desde el inicio de la crisis económica. Pero en todo caso la inversión en renovables parece no haberse resentido durante el período de precios bajos, todo al contrario, probablemente porque se encuentra motivada por otros factores, como mandatos, subvenciones que tienen en cuenta el diferencial de precio, etc.

En cambio lo que sí se está produciendo a gran escala es una reducción de la inversión en nuevas capacidades de extracción de petróleo. Esto, si no fuese por la creciente presencia del shale oil, sería probablemente una garantía de rebote en el precio, ya que las reservas probadas se van consumiendo paulatinamente. Sin embargo, es precisamente ese horizonte de precios bajos el que está limitando la inversión y, para muchos comentaristas, puede garantizar que las reservas (probadas, a coste alto, y no probadas pero en búsqueda) se queden en tierra. La clave para evitar un nuevo lock-in de inversiones en petróleo será que haya tiempo para que las tecnologías bajas en carbono puedan reducir costes y extenderse, y que el propio sector del petróleo pierda vitalidad y capacidades de reacción durante este período de adelgazamiento (en trabajadores, infraestructuras y beneficios). Incluso hay quienes indican que en un contexto como éste la transición a una economía baja en carbono puede ser más barata, equitativa (dentro de un país) y fácil.

En suma, una fotografía bastante menos pesimista que la inicialmente imaginada. Y, sin embargo, con importantes demandas sobre el diseño y aplicación de políticas públicas. En primer lugar porque, como ya hemos repetido hasta la saciedad, el precio de los derivados del petróleo (como de cualquier otro bien) debe recoger el coste social de su uso y por ello hay razones para que los impuestos correctores sean modificados al alza. Esta es la idea, citada por Max en su post, para defender un precio suelo de la gasolina en California o, en nuestro caso, para que las accisas de los carburantes aumenten. También es el momento de retirar subvenciones sobre gasolina y diésel, dada su viabilidad social, algo que está sucediendo ya en lugares tan improbables como Venezuela o Arabia Saudí. Los precios del carbono deben extenderse, además, a todos los combustibles fósiles, para evitar que la crisis del precio del petróleo acabe llevando a un mayor consumo de gas o carbón y anule los posibles efectos positivos sobre la inversión en tecnología renovable o baja en carbono. Y, desde luego, en un entorno como el actual no parece buena idea retirar subvenciones a productos como coches eléctricos o calderas de alto rendimiento, vista la gran influencia de los precios imperantes en las inversiones de los consumidores y la necesidad de evitar que el stock de bienes altamente contaminantes aumente y dificulte la acción de las futuras políticas correctoras y de la consecución de los objetivos climáticos.

Más, sobre algunas de estas cosas, en las próximas entradas…

 

 

 

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Un comentario en “El precio del petróleo, emisiones y políticas públicas

  1. Pingback: El coche eléctrico a debate | Economics for Energy Blog

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