Prospectiva energética en España: el estudio de Deloitte

Decía (o al menos así se le atribuye) Antoine de St. Exupéry que “un objetivo sin un plan es solo un deseo”. Para alcanzar el objetivo de descarbonización del sector energético español, de esta transición energética que buscamos, hace falta reflexionar sobre cómo alcanzar el objetivo y diseñar un plan, una senda para ello.

De hecho, los planes de Economics for Energy para los próximos tres años, que ya hemos confirmado con nuestros asociados, pasan precisamente por esta idea. El año próximo tenemos previsto publicar un análisis sobre los distintos escenarios que se están planteando o se pueden plantear para el sector energético español y global para el futuro, para, a partir de ahí, proponer maneras razonables de alcanzarlos.

Uno de estos escenarios es el recientemente publicado por Deloitte, Un modelo energético sostenible para España en 2050. Un estudio muy bienvenido, porque permite iniciar el debate sobre esta cuestión, y hacerlo con bases cuantitativas. Mi enhorabuena por tanto a los autores por su iniciativa. Por cierto, y como se dice en el informe, yo fui una de las personas que consultaron durante su elaboración, aunque por supuesto no tuve ningún papel en la redacción del documento final ni hago necesariamente mías sus propuestas.

De hecho, pienso que, como bien decía antes, lo interesante es utilizar el documento como base para la discusión. Al menos en la blogosfera, el debate ya ha comenzado, y con esta entrada me gustaría participar, aunque brevemente, en él.

Lo primero es decir que a mí en general el estudio me parece bastante sensato, y las propuestas que se plantean también, de hecho están en línea con muchas de las que hemos venido haciendo desde Economics for Energy en nuestros informes anuales (el de fiscalidad energético-ambiental es un buen ejemplo de ello).

Lo segundo es recordar la hipótesis de partida del estudio: el objetivo de descarbonización de Europa para 2050. Evidentemente, hacer planes contando con que esto se cumpla no es necesariamente robusto…yo creo que hubiera sido interesante también incluir un escenario menos ambicioso, por si las moscas. Siempre es bueno saber cómo volver a la senda correcta si nos despistamos por el camino.

Dicho lo cual, ¿dónde tengo algún punto de discusión? En cuatro aspectos, sobre los que por supuesto agradeceré mucho comentar e intercambiar opiniones con los lectores.

El primero es (y esto creo que es un problema de muchos estudios, incluyendo algunos nuestros) que somos demasiado conservadores acerca de la estructura económica y social o las tecnologías energéticas. En un plazo tan largo como 2050, más de una generación, pueden cambiar muchísimo las cosas. Y este estudio (repito, como bastantes otros) supone que todo sigue casi igual en cuanto a la estructura de la demanda o la oferta. Pero, ¿qué pasa si hay elementos que rompan estas estructuras? ¿Y si los sectores que demandan energía ahora no existen en el futuro?¿Qué va a pasar con las redes? Desde luego tenemos muchas posibilidades de que alguno tenga lugar antes de 2050…De nuevo, hubiera sido conveniente plantear escenarios más disruptivos, incluso aunque mantuviéramos los objetivos de descarbonización. El que se plantea es demasiado business-as-usual para el plazo tan largo que se maneja.

Segunda cuestión: en parte relacionado con lo anterior, el consumo de energía final me parece también bastante conservador. Según el estudio, en 2050 se consumirá más o menos lo mismo que ahora. Entiendo que, dado que, como también se dice, la intensidad energética se reduce bastante (aproximadamente a la mitad), estamos suponiendo un crecimiento económico alto…pero eso es otro tema difícil de estimar. De nuevo, habría que incluir una sensibilidad a un posible crecimiento menor, y por tanto un consumo de energía más reducido (que además facilitaría cumplir los objetivos de emisiones).

En todo caso, el asunto de la eficiencia energética me parece que se trata de forma demasiado accesoria. Sólo se habla de eficiencia para edificación. La mejora del transporte se fía únicamente a la electrificación. En esas condiciones, no me parece que sea posible una mejora de intensidad energética como la que se plantea, hace falta creo yo tocar muchos más palos, y además en otro sectores, sobre todo en el transporte, que es donde más energía se consume y más emisiones se producen.

Otra cosa más: se dice que electrificar la demanda con renovables mejora la eficiencia energética. Sí, es cierto, pero la primaria, no la final. Y la relevante es la segunda. La primera, de hecho, es un artificio contable que no deberíamos usar para ningún análisis (quizá esto dé para otra entrada de blog).

Otro tema que no me termina de convencer es el tratamiento de los aspectos económicos. Respecto a las inversiones necesarias se dice que son muy grandes, pero parecen similares a las que ha realizado el sector eléctrico en los últimos años. No se tienen en cuenta los ahorros posibles por la eficiencia. Y sobre todo, se habla de menores precios de la electricidad. En este último punto no entiendo bien los argumentos que se dan. Vale, las ayudas a las renovables ya no harán falta. Pero eso también podríamos conseguirlo sacando este término de la tarifa, no es una consecuencia indisoluble de la evolución a 2050. Y lo de que al consumir más, los costes fijos se diluyen entre más kWh…eso dependerá de las inversiones que hagan falta. Si para alimentar este consumo hay que invertir más, pues el coste seguirá siendo similar. Los parámetros fundamentales para evaluar este coste deberían ser los costes de las tecnologías a largo plazo, y eso debería ser lo que se estuviera discutiendo aquí, no otras cuestiones.

Y finalmente, otro tema controvertido: el papel del gas, especialmente en el transporte, pero también en otros sectores. Aquí hay un par de cuestiones a considerar:

  • Primero, las ventajas del gas para el transporte no terminan de estar muy claras, sobre todo cuando lo comparamos con las tecnologías de transporte modernas, que se supone que serán las que tengamos en 2050, no las de ahora. Un estudio reciente de Ricardo Energy, bastante sensato, nos dice que los beneficios no están nada claros.
  • Segundo, el estudio dice que el consumo de gas aumentará hasta el 30% del total (que también será mayor) a partir del 19% actual, pero luego volverá a disminuir hasta 2050 para cumplir con el objetivo de emisiones. Para llegar a lo de 2030 harán falta inversiones relevantes en redes y otras infraestructuras (regasificación, por ejemplo), pero el plazo para amortizarlas no podrá ser largo, porque en 2050 ya las estaremos dejando de usar… Y aquí surge una pregunta interesante: si no queremos invertir en carbón porque dentro de poco no lo podremos usar…¿por qué sí queremos invertir en infraestructuras de gas que sólo vamos a usar en un período de tiempo muy corto? Recordemos que las infraestructuras se amortizan en mucho tiempo, más tiempo que las centrales de carbón. Y no, no estoy defendiendo que se construyan centrales de carbón. Lo que defiendo es que esta cuestión se valore con cuidado.

Antes de terminar, un tema menor, pero que me ha dejado preocupado: la estructura de tarifas que se plantea. A mí, eso de cobrar distinto por un mismo bien en función del uso que se haga de él me parece algo no deseable (a ninguno nos gusta que nos lo hagan las empresas, esa discriminación de precios tan rechazada por los consumidores). Entre otros inconvenientes, me parece que es una fantástica oportunidad para volver a la famosa captura del regulador, en lugar de ir a un sistema en el que el mercado, via precios, asigna eficientemente el uso de la electricidad. Con un sistema como el planteado es el regulador el que se convierte en planificador omnisciente, el que asigna los recursos, en lugar de dejar al mercado algo para lo que sí es bueno. A lo mejor no me he enterado bien…

En fin, que el debate está abierto, y eso es bueno. Esperemos que siga (de forma civilizada y rigurosa además), en este blog al menos vamos a intentarlo.

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3 comentarios en “Prospectiva energética en España: el estudio de Deloitte

  1. “¿por qué sí queremos invertir en infraestructuras de gas que sólo vamos a usar en un período de tiempo muy corto?” Esta es la cuestión Pedro y la principal discrepancia con el Estudio de Deloitte: la importancia que le de al gas que, como tú dices, es un excelente punto de partida par el debate. Mi reciente y modesta (la de un periodista no un académico) aproximación al tema la titula titulaba “El peligro del gas en la transición energética”

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  2. Pingback: ¿Qué hacemos con los ciclos combinados? | Economics for Energy Blog

  3. Pingback: Preparándonos para la transición energética | Economics for Energy Blog

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