La Cumbre Climática de Madrid (COP 25): a medio camino entre las reglas y la ambición política

Ya habíamos avanzado que, como en COPs de años anteriores, Miguel Muñoz (Iberdrola) nos prepararía su visión personal de lo acontecido en Madrid durante estas dos últimas semanas. Muy agradecidos, una vez más, de poder contar con una valoración rápida y completa de un asistente habitual a estas reuniones.

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Tras concluir la Cumbre Climática de Madrid, con una duración de más de dos semanas, la percepción de los resultados a nivel de negociaciones de cambio climático es relativamente “tibia” a pesar de haber tenido un impacto, a mi juicio, bastante importante en términos de movilización del conjunto de la sociedad civil. Sobre todo teniendo en cuenta que apenas hubo un mes de plazo para crear toda la operativa logística y lanzar la multitud de eventos, iniciativas y campañas que han tenido lugar.

fotoCOP

Desde un punto de vista general, podría decirse que se han cumplido en parte las expectativas para esta COP, que ha ocupado una posición intermedia entre una COP 24 (Katowice), que aprobó las reglas técnicas del Acuerdo de París (“Libro de Reglas de Katowice”), y la COP 26 (Glasgow), a la que se la otorgado ya un papel político preeminente al considerarse como una plataforma para visibilizar la renovación de los planes climáticos de los gobiernos (NDCs, en sus siglas en inglés) que tiene que, según el Acuerdo de París, realizarse durante 2020.

El análisis de los resultados de la cumbre se podría estructurar a efectos didácticos en tres grandes bloques.

En primer lugar, en el apartado de negociaciones climáticas dentro del proceso de Naciones Unidas, cabe destacar que las referencias a ambición climática y ciencia en los textos y la aprobación de bastantes cuestiones técnicas evitan, en mi opinión, hablar de un resultado catastrófico. En este marco, destaco a continuación algunos de los aspectos acordados y “no acordados” que más me llaman la atención:

  • Unas Decisiones marco de carácter político (“Chile Madrid tiempo de actuar”) que: reconocen la necesidad de aumentar ambición para cumplir la brecha de emisiones entre los compromisos climáticos actuales y los necesarios para ir hacia escenarios de 2 grados (o incluso 1,5 grados), invitan a los países a utilizar la información del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) para sus diagnósticos y decisiones políticas, y muestran la necesidad de ambición política en 2020 para revisar NDCs y presentar estrategias de reducción de emisiones a 2050. Este último tema (aunque no es un “llamamiento explícito”) es importante dado que muchos países querían retrasar esta cuestión para las próximas cumbres (por ejemplo, para 2023 tras el diagnóstico global de acción climática). Dentro de estas Decisiones de carácter más general, también me ha parecido interesante el reconocimiento al papel de los agentes no gubernamentales en el dinamismo de la acción climática, la importancia de la transición justa y la necesidad de un nuevo Plan de Género para dar respuesta al efecto desigual del cambio climático en las mujeres y niñas.
  • Entre las cuestiones que finalmente no se han podido acordar, son destacables las guías generales sobre el Artículo 6, mecanismo voluntario de cooperación entre países para cumplir objetivos climáticos a través del intercambio de unidades de reducción de emisiones (“mercados de CO2”). Este tema ha sido muy polémico por las posiciones encontradas entre países como, Brasil, China o India, que defendían reglas relativamente poco integras medioambientalmente frente a posiciones como la de la Unión Europea, y también la de muchos países de Latinoamérica y estados insulares especialmente vulnerables. Estos segundos apuestan por normas robustas que minimicen el riesgo de alejarnos de la senda de reducción de emisiones que marca el Acuerdo de París. Sobre este tema, recomiendo la lectura de las entradas de la semana pasada de Xavier y PedroEs importante destacar, en todo caso, que la ausencia de reglas del Articulo 6 no supone ninguna barrera para el funcionamiento de los mercados internacionales de CO2 ni tampoco para seguir avanzando en el cumplimiento del Acuerdo de París, tal y como han destacado en sus intervenciones en los plenarios los representantes de la Unión Europea.

En segundo lugar, el bloque de declaraciones y presentación de compromisos políticos, en la que no ha habido grandes anuncios, pero sí se ha puesto de manifiesto el liderazgo político europeo en materia de acción climática con la presentación del Pacto Verde Europeo (European Green Deal) y la aprobación del objetivo de emisiones netas a nulas a 2050 en el Consejo Europeo. También han sido destacables en este marco la adhesión de nuevos países a la Coalición de la Ambición Climática impulsada por Chile con el objetivo de extender el objetivo de emisiones netas nulas a 2050 y la ambición pre 2020 en el máximo número de jurisdicciones. Aquí también hay que mencionar que parte de estos anuncios ya fueron hechos en la cumbre de acción climática de septiembre en Nueva York, organizada por el Secretario General de Naciones Unidas.

La tercera parte corresponde a la visibilidad y ambición demostrado por la sociedad civil (empresas, ONGs,…), que en esta cumbre ha tenido un especial dinamismo a pesar del reducido tiempo para la preparación de eventos y campañas tras el cambio de ubicación. Entre los aspectos más destacados se encuentran: la participación de hasta 177 grandes empresas globales  en la declaración a favor de emisiones netas nulas a 2050 (Business Ambition for 1.5°C), el lanzamiento de importantes alianzas y campañas financieras para alinear flujos de inversión con objetivos climáticos y la presentación de una gran variedad de informes científicos de las principales organizaciones multilaterales sobre escenarios e impactos climáticos.

Aunque en general creo que ante todo desafío hay que mantener el optimismo, el camino hacia la COP 26 en Glasgow, la de la “ambición política”, estará cargado de retos en un mundo en el que precisamente hay cierta escasez de liderazgo político en materia de acción climática y no pocas incertidumbres sobre la capacidad del multilateralismo para alcanzar acuerdos efectivos ante los grandes retos globales.

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