¿Energía primaria o energía final?

Como seguro que estamos saturados estos días con análisis de la COP y similares, el blog de esta semana es algo más ligero, aunque espero que interesante. Y es que me gustaría darle una vuelta a un factor que generalmente no se tiene mucho en cuenta en presentaciones como las del WEO de la semana pasada, y es que el peso de las energías renovables en el mix energético primario depende de los supuestos que uno haga, resultando en cosas bastante distintas según esos supuestos.

Todo esto viene de la charla que impartió Vaclav Smil en Madrid el mes pasado, organizada por la Fundación Naturgy. En esa charla Vaclav insistía en que, a pesar de todos nuestros esfuerzos, las renovables siguen pintando muy poco en el mix primario, y seguramente sigan pintando poco en los próximos años. En el gráfico que mostró (elaborado a partir del BP Statistical Review) se veía cómo, de 1990 a 2019, el peso de las fósiles ha pasado de un 90 a un 89%, algo que a él le servía para ilustrar claramente que las transiciones energéticas son lentas. Pero claro, en términos de energía primaria. Y la pregunta que se me vino a la cabeza es si esto cambiaría si, en lugar de usar la energía primaria, como es habitual, utilizáramos la energía final, algo que me parece mucho más sensato.

Y es que el utilizar la energía primaria introduce muchas distorsiones en nuestros análisis de escenarios energéticos futuros o pasados. Primero, porque más que describir nuestro consumo de energía, describe el uso de combustibles, algo que no necesariamente es lo mismo. Y segundo, porque esto, que podría valer si todos los combustibles fueran fósiles, no tiene mucho sentido cuando las fuentes energéticas funcionan con lógicas distintas, como la hidro, la fotovoltaica o la eólica. Y así da lugar a cosas raras, como una evidente sobrerrepresentación de las fósiles en el mix primario, o aparentes mejoras en la intensidad energética simplemente por cambiar de fuente energética, algo que es puramente un artificio estadístico. Si a eso ya le sumamos las florituras que hacen algunos utilizando factores de conversión fósil para traducir energía renovable final en primaria, pues ya tenemos un buen lío montado.

Mi conclusión es que es mucho mejor utilizar la energía final para evaluar nuestro desempeño en materia energética (no en emisiones de CO2, es cierto, ahí la traducción más directa viene de la energía primaria…). Cierto es que no es lo óptimo: porque la energía final tampoco nos dice la energía que necesitamos realmente para satisfacer los servicios energéticos. Por ejemplo, en el caso del transporte, la energía final que medimos es la contenida en la gasolina o el gasoil, no la que necesitamos para mover los vehículos…pero en fin, algo mejor que la primaria es.

Y entonces, volviendo al principio: ¿qué pasaría si en lugar de medir el peso de la renovable en energía primaria lo midiéramos en energía final? Para eso me he ido al BP Statistical Review, y al IEA World Energy Outlook, y he recalculado los pesos de cada fuente energética no en energía primaria, sino en energía final. Para ello he tenido que hacer un pequeño supuesto, el rendimiento energético de las centrales eléctricas alimentadas con fósiles…pero este supuesto no es demasiado complejo. Los resultados no son exactamente iguales, porque BP y la IEA estiman de forma distinta la energía primaria y final (la diferencia fundamental está en la biomasa tradicional, que BP no parece considerar).

Si utilizamos el BP Statistical, vemos en los gráficos siguientes cómo al pasar a energía final las renovables suben de un 5 a un 7% (no demasiado), curiosamente el mayor cambio está en el petróleo, que aumenta mucho su cuota, o más bien, en el carbón y el gas, que la bajan, al incluir las pérdidas termodinámicas de su conversión a electricidad.

En el caso de la IEA, pasamos de un 14 a un 18%.


Y claro, esta corrección va aumentando a medida que las renovables penetran más en el sistema. Por ejemplo, si tomamos las proyecciones del escenario de desarrollo sostenible del WEO, la contribución de las renovables pasa de un 31% si se mide en primaria a un 36% si se mide en final. Si quitamos la biomasa, que complica un poco las cosas (porque también le afecta la eficiencia termodinámica), pasamos de un 22 a un 29%, un 30% más de cuota simplemente por medir en energía final en lugar de en energía primaria.

Conclusión: creo que deberíamos ir dejando de medir la energía en términos primarios, y al menos pasar a medirla en términos finales, para poder tener una mejor foto de lo que tenemos y de hacia dónde vamos.

Un comentario en “¿Energía primaria o energía final?

  1. Pingback: El BP Outlook 2020 | Economics for Energy Blog

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