Cambio climático: nuestro margen de maniobra se agota

Reproduzco a continuación mi tribuna de opinión publicada hoy en El Confidencial.

Imaginemos un problema que, por su amplitud e intensidad, puede introducir gravísimos desequilibrios en nuestras sociedades y afectar en mayor medida a los menos pudientes (países y grupos sociales). Un problema avanzado por la comunidad científica hace décadas y para el que ya contábamos con soluciones técnicas y socioeconómicas desde finales del siglo XX, pero que sin embargo ha ido engordando sin cesar ante acciones claramente insuficientes por su naturaleza global y efectos (ya no tan) de medio plazo. Un problema cuyos efectos son en muchos casos irreversibles y en el que llevamos años hablando de ‘ventanas de oportunidad’ para actuar que están a punto de cerrarse y al que, no obstante, seguimos alimentando con crecientes aportaciones.

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Fuente: El Confidencial (EFE)

Un problema, el cambio climático, que sin embargo apenas ha estado presente en el debate político español. Si bien es cierto que hay otros asuntos gravísimos y mal gestionados, el cambio climático tiene características diferenciales que recomiendan su priorización en la agenda política, tanto por el elevado coste de oportunidad de no actuar por sus irreversibilidades como por la disminución continua de nuestras capacidades de actuar para evitarlo.

En este sentido, ¿cómo podemos afrontar el cambio climático? Además de adaptarnos a él de la mejor manera posible, nuestra variable de control fundamental son las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Reducir estas emisiones es complejo: en primer lugar, porque las medidas generan costes socioeconómicos relevantes y efectos distributivos potencialmente adversos (sectores que desaparecen, con el consiguiente desempleo, precios energéticos que se disparan en el corto plazo, etc.). He aquí una primera limitación a nuestra lucha contra el cambio climático. Pero, además, muchas políticas pueden tener una efectividad limitada si no se actúa de raíz sobre su origen: el ‘stock’ de infraestructuras y capital instalado, con emisiones asociadas a lo largo de su vida útil. Suma y sigue.

Además, el cambio climático no está directamente ocasionado por las emisiones de GEI sino por sus concentraciones atmosféricas. Cuando el nivel de concentraciones aumenta, nuestro margen de maniobra para controlar el problema se va reduciendo: se va cerrando la ventana de oportunidad antes mencionada. Incluso un mundo sin emisiones puede estar sujeto a grandes cambios climáticos porque, como antes, el ‘stock’ de GEI que se ha ido acumulando (sobre el que solo tenemos un control indirecto) juega un papel fundamental. Y eso sin contar con los posibles efectos naturales de retroalimentación que ocasionará, según aportaciones académicas recientes, superar determinados niveles de concentraciones. En este caso, nuestro margen de maniobra se esfuma por completo: perdemos el control del problema.

En cierta medida, el último informe especial del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas se refiere a estas cuestiones al avanzar los importantes daños asociados al aumento de 2ºC que recoge el Acuerdo de París e ilustrar la mitigación a gran escala e inmediata que sería necesaria para mantenernos en incrementos de 1,5ºC de temperatura. Que una aproximación voluntarista como la de París permita un cambio tan profundo y en tan poco tiempo es, cuando menos, dudoso.

Las inercias y la conformación de un cóctel explosivo como el descrito, ante el que las actuaciones correctoras se enfrentan a muchas y crecientes dificultades, demandan acciones rápidas, generalizadas y muy intensas de los decisores políticos españoles. El progresivo cierre de la ventana no permite esperar a una movilización autónoma de los distintos agentes sociales o a la obtención de soluciones tecnológicas milagrosas. Se hace necesaria, además del protagonismo del sector público, una aproximación no partidista y de largo plazo que priorice este problema pero que no impida el uso de alternativas correctoras alineadas con las distintas concepciones socioeconómicas de los responsables políticos. En este sentido, incluso aquellas fuerzas políticas menos partidarias de la intervención pública pueden justificarla para preservar las capacidades de elección regulatoria en el futuro.

Ya se ha mencionado en muchas otras ocasiones que España es un país especialmente vulnerable ante el cambio climático. A la vez, contamos con medios económicos y técnicos para contribuir a soluciones globales, facilitando al mismo tiempo la transformación interna hacia un sistema productivo más sostenible y de mayor calidad. En esta pieza he apuntado una razón más, y no menor, para actuar: protegernos como sociedad de los grandes riesgos socioeconómicos de no hacer lo suficiente. Para ello, es conveniente no desperdiciar la capacidad de maniobra, mientras exista, y minimizar así los costes sociales y económicos del cambio radical que habrá de producirse tarde o temprano. Porque la tan demandada transición justa solo será posible si los costes a compensar son manejables.

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