El futuro de la movilidad

Últimamente se han acumulado en mi lista de lectura algunos estudios y entradas de blog muy relevantes para tratar de entender qué podemos esperar de la movilidad, y del transporte, así que he pensado que sería interesante poner todos juntos tratar de sacar las principales conclusiones de los mismos.

Comienzo con las 10 predicciones de Bloomberg NEF para la transición en transporte y energía en 2019, optimistas como siempre. En lo que respecta al transporte, prevén costes inferiores a 150 $/kWh para las baterías (aun por encima de los 100 que señalan como necesarios para la competitividad de los vehículos eléctricos); un 40% de aumento en las ventas de los vehículos eléctricos (un 60% de las cuales se producirá en China), lo que supone una cierta ralentización en la tasa de crecimiento asociada a la reducción de subsidios; y un repunte del precio del petróleo.

McKinsey, por su parte, opina que, para 2030, el panorama de la movilidad habrá cambiado tanto como cuando sustituimos los caballos por coches.

Electric and autonomous vehicles, more interconnected and intelligent road networks, new customer interfaces and services, and a dramatically different competitive landscape in which tech giants, start-ups, and OEMs mix and mingle are just a few of the shifts in store. Radical improvements in cost-effectiveness, convenience, experience, safety, and environmental impact will, taken together, disrupt myriad business models on an almost inconceivable scale (exhibit).

Aunque algunas de estas buenas noticias no son tan evidentes para mí. En este sentido, Max Aufhammer comenta un experimento que, con todas sus limitaciones, parece confirmar algo que ya podíamos esperar: los vehículos autónomos pueden aumentar la demanda de desplazamientos, y por tanto, incluso aunque sean eléctricos, el consumo de energía. Más aún si, como ya se ha visto con el car-sharing, estos modos sustituyen al transporte público. Como digo, esto es algo hasta cierto punto esperable: cuando un servicio se hace relativamente más barato, o aporta relativamente más valor, lo normal es que su demanda aumente. Esto es el elemento que causa el famoso efecto rebote, o la paradoja de Jevons. Si el car-sharing, el car-pooling o, eventualmente, los vehículos autónomos, aumentan la demanda de movilidad, y sustituyen al transporte público, los problemas de congestión aumentarán, el consumo de energía (aunque sea electricidad renovable) aumentará, y tendremos problemas. Salvo, claro, que mediante impuestos por ejemplo demos señales económicas que trasladen a los usuarios el coste social, y limiten esta mayor competitividad relativa de precios…

En todo caso, el artículo de McKinsey es interesante porque no sólo habla de los vehículos y sus tecnologías, sino de todos los desarrollos y modelos de negocio asociados:

gasoline, paved roads and highways, motels, fast-food restaurants, and suburbia. Mobility was not just cars, but parts manufacturers and suppliers, mechanics, taxis, buses, commuter railways, and, in time, metro-area airports.

Y luego, además, matiza su optimismo, cuando habla de los aspectos distributivos de los nuevos modos de transporte. Pero, en todo caso, su visión del futuro es muy optimista (quizá demasiado,, y recurriendo a algunos tópicos, como lo de los millenials, que no parecen haberse verificado). Un futuro autónomo, conectado, electrificado y compartido.  En una segunda parte analizan las consecuencias para la industria, y también para la sociedad.

El análisis de Columbia Center on Global Energy Policy es bastante más matizado, en parte porque resulta de un seminario en el que se expresaron opiniones contrapuestas. Aunque con algún elemento común con McKinsey, como lo de que la movilidad como servicio puede dar más margen que la simple fabricación de vehículos, el resumen que aportan es más convencional, menos disruptivo, y se fija más en los posibles inconvenientes de ese mismo futuro que McKinsey considera tan positivo, sin cuestionar en ningún caso los elementos principales: de nuevo, autonomía, electrificación, y uso compartido. Además, es mucho más amplio, cubriendo por ejemplo también las implicaciones para la demanda y el precio del petróleo, o las necesidades de investigación en este campo (muy interesantes para esa futura tesis doctoral que esperamos lanzar en Septiembre…). Largo, pero muy interesante.

Por último, en el otro extremo de la disrupción, los fabricantes de vehículos (y también los consumidores) siguen, según KPMG, anclados en el modelo anterior: sin esperar grandes cuotas de vehículos eléctricos a 2040, y con los híbridos y todavía los vehículos de combustión interna jugando un papel muy relevante (algo que no está tan claro para el resto de los análisis anteriores). Sí subrayan, eso sí, las tendencias de conectividad…algo que según parece los consumidores parecen valorar mucho. Interesante además ver cómo los expertos de KPMG a veces se ven obligados a advertir a los directivos de las tendencias del mercado…o cómo los directivos chinos son los que parecen tener las ideas más claras.

ADD: Un último elemento para esta entrada sobre transporte: un análisis similar al que queremos hacer nosotros en nuestro próximo informe, en el que también se subraya el interés de trabajar con la renovación del parque como instrumento muy poderoso para reducir emisiones.

 

 

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