El informe del CAPTE (II)

Decía en la primera parte que veía algunos problemas en los ejes estratégicos del informe. Y es que no entiendo bien que el primer eje (al menos en el texto) sea la nueva regulación eléctrica Como ya he dicho en alguna ocasión, el sector eléctrico es muy importante para la transición, al ser el sector en el que la descarbonización es más sencilla, además del vector que permite descarbonizar el transporte y los edificios. Pero no es ahí donde están los verdaderos retos de la descarbonización, sobre todo a medio plazo: Los verdaderos retos están en la movilidad, y en la eficiencia energética. Por tanto, ¿seguro que es la señal correcta poner como primer eje estratégico la nueva regulación eléctrica? Yo, al menos, creo que el cómo se expresan y ordenan las ideas es muy importante para el mensaje que se quiere trasladar. En este caso, además, cuando la regulación que se plantea es una muy específica y controvertida. No es que se hable simplemente de la necesidad de establecer mecanismos que incentiven la capacidad (incluida la renovable) a largo plazo, sino que se va más allá y se formula un sistema muy regulado para la inversión en nueva potencia, que me temo generará bastante ruido, y que quizá despiste del verdadero objetivo, que es la descarbonización (ni siquiera la electrificación…), centrando la discusión, como casi siempre, en la regulación eléctrica, en lugar de en otros retos más difíciles pero más efectivos si se logran.

El segundo eje estratégico es la retirada del carbón de la generación eléctrica. Como ya decíamos en el informe para Greenpeace, esto es por supuesto una posibilidad. Que puede tener un cierto coste, o no, dependiendo de los supuestos considerados para los precios de los combustibles y del CO2. En todo caso, me parece, y así lo he dicho en alguna ocasión, que puede ser una señal política muy interesante del proceso de descarbonización al que nos dirigimos, a un coste en todo caso asumible.

El tercer eje es la no extensión de la vida útil de las centrales nucleares, para lo que se cita, entre otros, el informe para Greenpeace. De nuevo, una decisión política. Eso sí, con un coste mayor del que se trata de presentar. Porque el informe sólo se fija en el coste a 2025 (y no a 2030, o a 2040), y escoge además el escenario más favorable. De hecho, se cuestiona nuestro informe por su conservadurismo (cuando esto no afecta a los resultados), llegando a decir que la no extensión de la nuclear podría incluso llevar a ahorros. Sobre esto útimo, me limito a plantear una sencilla cuenta: para que haya ahorros el coste total por MWh de la renovable debería ser inferior al coste variable de la nuclear (unos 16 MWh, sin impuestos, claro, que no deben incluirse, más el coste de la gestión de los residuos y la responsabilidad en caso de accidente). ¿Seguro que estamos en disposición de lograr esos costes para las renovables, en especial cuando suban los tipos de interés, e incluyendo el coste del respaldo cuando la penetración sea muy significativa (incluso inferior al 80% que se plantea)? Si así es, estupendo, y entonces no hará falta tomar ninguna decisión política, será el mercado el que saque a las térmicas de la ecuación. Pero, ¿y si no? Pues entonces tendremos que asumir un cierto sobrecoste, que por supuesto se puede hacer, y no es necesariamente indeseable, pero siempre haciéndolo explícito. En este sentido, tampoco me parece apropiada la reflexión sobre el impacto en los costes marginales: si primero se dice que hay que cambiar la regulación, luego no le veo el sentido a buscar las ventajas de la regulación actual justo para este tema.

Al fin, el cuarto eje estratégico, que para mí debería ser el primero, se refiere a la eficiencia energética. Desgraciadamente, casi todo se refiere a un instrumento para mí fallido como el Fondo Nacional de Eficiencia Energética. En mi opinión, no se trata de reforzar las contribuciones al fondo, sino de mejorar la forma en la que se gestionan estos dineros (como decimos por ejemplo en el informe de la Comisión de Expertos), de introducir más mecanismos para ello, lo que se despacha en un par de párrafos cortos al final, que también deberían tener más protagonismo.

El quinto eje, electrificar la economía, no me parece que aporte demasiado. Para mí el objetivo no es electrificar la economía, sino descarbonizarla. La electrificación como medio, no como fin. Que compita con el resto de las opciones de descarbonización. Y para eso no hace falta un eje estratégico, sino otros como el último, el que se refiere a fiscalidad.

El sexto es el apoyo a la generación distribuida. No me parece mal el planteamiento de poder establecer apoyos específicos, siempre que sean explícitos, y que estén basados en las ventajas reales (algunas intangibles) de estos sistemas distribuidos. Eso sí, creo que sería bueno dejar claro que todo esto, para funcionar bien, requiere una corrección del sistema actual de peajes y tarifas, algo que ni siquiera se comenta, y que es lo realmente fundamental para un desarrollo socialmente apropiado de la generación distribuida, tal como se explica tan bien en el informe de Utility of the Future.

Séptimo eje, la movilidad y el transporte. Como decía antes, me sorprende que el sector más relevante para la descarbonización no aparezca el primero o segundo, y que se despache con mucha menos extensión que la reforma del sector eléctrico. ¿Es porque es menos importante? Porque el caso es que las medidas que se plantean son muy correctas, aunque me falta una referencia más clara a la necesidad de incoporar la movilidad sostenible en los planes urbanísticos. Algo similar me pasa con el siguiente eje, la eficiencia en los edificios, también fundamental para la transición energética en España. De nuevo, bien planteado, pero demasiado atrás en las prioridades.

Casi al final, una referencia al gas como energía de transición, pero con un aviso a evitar inversiones varadas. Una satisfacción ver que los mensajes de nuestros escenarios tienen eco.

El eje de pobreza energética también envía mensajes ya formulados por nuestros informes. Mi único problema es esa referencia (constante, y muchas veces errónea) a la conexión entre generación distribuida y pobreza. El acercar la generación al consumidor no necesariamente abarata la energía, y por tanto podría incluso ser contraproducente, salvo que esa activación de la demanda tenga efectos que sobrecompensen lo anterior. Pero, sinceramente, no tengo claro el potencial de activación de estos consumidores…sería interesante empezar a tener evidencias de esto, algo que estamos promoviendo desde nuestra Cátedra de Energía y Pobreza.

Finalmente, se concluye con una propuesta de reforma fiscal, que, aunque bien planteada, también creo que debería haber estado antes en términos de prioridad. Eso sí, divertido cómo aquí si se introducen los precios y los mercados como algo positivo, al contrario de para la regulación eléctrica…:)

Y ya, para terminar, las propuestas de política energética. Aquí no tengo nada que objetar, todo lo contrario. Ni siquiera con el orden. Me parece fundamental comenzar por la gobernanza, y las propuestas que se hacen en este sentido me parecen adecuadas (salvo de nuevo la insistencia en una nueva Ley del Sector Eléctrico, que como digo antes, habría que madurar más). Si acaso, subiría la octava, un precio para el CO2, más arriba, porque creo que lo primero en cualquier proceso de descarbonización es dar la señal correcta a todos los agentes.

En resumen:

  • Coincido con los planteamientos y bases de partida del informe. Creo además que es una propuesta valiente, ambiciosa y bienvenida por parte de un partido político.
  • No tengo tan claros algunos objetivos: a la vista de los escenarios, me parece que las reducciones de CO2 a 2030 se sitúan en niveles asequibles para el sector energético al menos, y en cambio me parecen excesivamente ambiciosos los porcentajes de renovables a 2030 y 2040. A este respecto, me parece importante recordar que, al menos tal como yo lo veo, el objetivo es la descarbonización, y las renovables son el medio (o uno de ellos). Tal como se formulan los objetivos, y tal y como he tratado de explicar antes, parece que las renovables van por delante.
  • Los ejes estratégicos son apropiados. Pero la prioridad que refleja la lectura del documento no. Y repito, el cómo se escriben las cosas es muy importante para los que lo leen y tienen que percibir cuáles son los elementos principales. En especial, me parece que el primer eje, sobre el sector eléctrico, va mucho más allá de lo necesario para una transición energética, formulando una propuesta muy concreta pero no necesariamente mejor desde el punto de vista de la transición.
  • En cambio, las propuestas de política energética recuperan el orden apropiado.

Por tanto, creo que las ideas son muy válidas en su mayoría, pero falla un poco la forma de ponerlas en valor, y de darles prioridad en el texto. A ver si hay suerte y son las bases de partida y las propuestas de política energética las que marcan esta prioridad 🙂

 

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