Cómo serán la sociedad y la economía de (mediados) del siglo XXI

Hace unos días tuve la suerte de participar en un encuentro interdisciplinar muy interesante, organizado por la Escola Europea d’Humanitats de Barcelona, sobre los desafíos a que se enfrentarán nuestras muy cambiantes sociedades en unas décadas. En esta página puede consultarse el programa, un pequeño vídeo introductorio y la grabación sonora de las cuatro sesiones de debate. El evento fue coordinado por Antón Costas y Josep Ramoneda y contó con expertos de muy diversos ámbitos: demografía, sector financiero, economía laboral, ciencia política, nuevas tecnologías y movimientos migratorios. Para hablar, tal y como introducían Antón y Josep en la descripción de la actividad, de cómo podemos imaginar las sociedades futuras: “¿Más equitativas o más desiguales? ¿Más solidarias o más individualistas? ¿Qué tipo de capitalismo veremos? ¿Habrá trabajo para todos? ¿Viviremos del trabajo o de las transferencias públicas? ¿Qué impacto tendrán los flujos inmigratorios? ¿La mayor longevidad es una maldición de Matusalén? ¿La contaminación y el cambio climático son la factura inevitable del progreso económico? ¿Cómo tendrían que cambiar la empresa y la sociedad para adaptarse a las grandes transformaciones disruptivas del siglo XXI?”

fotodebate

Mi intervención, por petición de los directores muy reducida para dar espacio al debate, partió de la naturaleza e implicaciones socio-económicas del cambio climático, incluyendo una descripción muy condensada de los rudimentos del Acuerdo de París (AP). A partir de ahí avancé dos escenarios polares (con muchas posibilidades intermedias): que el AP tiene éxito en limitar el aumento de la temperatura a 2ºC, quizá gracias a la aparición de ‘clubs climáticos’ a la Nordhaus en un entorno más favorable a su desarrollo, o que fracasa y la espiral de temperaturas sigue expandiéndose. En cualquier caso, en ambos escenarios habrá importantes efectos del cambio climático a mediados de siglo, con implicaciones materiales, de salud humana e importantes necesidades de adaptación. Pero, parafraseando a Christiana Figueres, un aumento de temperaturas muy por encima de lo establecido en el AP nos llevará a un mundo ‘no asegurable’ y con dramáticas implicaciones socio-económicas y distributivas.

Fue, sin embargo, en la parte final de mi intervención donde intenté situarme a treinta años vista para imaginar las implicaciones (polares) del cambio climático en nuestras sociedades. En sus presentaciones, otros participantes mostraron sus dificultades para afrontar un ejercicio prospectivo a tanta distancia: en el caso de los que nos ocupamos de cambio climático es un punto de partida inevitable, al ser un problema esencialmente de medio y largo plazo (tanto efectos como procesos de solución). En este sentido, apunté algunas ideas generales para el debate: 1) un proceso sin fin, en la medida en que se relaciona fuertemente con el uso de recursos finitos y no solo con emisiones/concentraciones de GEI, y por tanto con medidas a gran escala de ‘economía circular’; 2) en el ámbito de las estrategias/políticas, una creciente discusión sobre la idoneidad de medidas estrictas de planificación/prohibición frente a aproximaciones más flexibles o de mercado; 3) probable intensificación del papel central de los ciudadanos en la lucha contra el cambio climático como emisores, consumidores, inversores y votantes; y 4) importantes implicaciones geo-políticas y estratégicas de las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático, en el sentido avanzado por David Sandalow en su reciente intervención en nuestras actividades de Madrid.

Y, por supuesto, importantísimas interacciones con los otros asuntos tratados en las dos tardes del encuentro. No es posible entender lo que ocurrirá en este ámbito sin considerar las implicaciones demográficas a 2050 (mayor esperanza de vida global, cambios en natalidad muy importantes en distintas zonas del planeta), muy vinculadas a los posibles movimientos migratorios asociados a los impactos climáticos, la evolución tecnológica (que influirá en impactos pero también en las posibilidades de afrontar el problema), las tendencias financieras o los futuros desarrollos de nuestras comunidades políticas.

Animo, en fin, a los lectores a consultar un próximo número de la Maleta de Portbou, dirigida por el propio Ramoneda, que recogerá artículos de la mayoría de participantes en el evento.

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