El informe de la Comisión de Expertos (II)

Decía el otro día que, partiendo del elevado nivel de consenso del informe de la Comisión de Expertos sobre Escenarios de Transición Energética, sí cabían por mi parte algunos comentarios o matizaciones. Dejando claro que lo que cuento a continuación no va en contra del informe, sino más bien al contrario, como aclaración del mismo y en su caso como algunas puntualizaciones personales, aquí va lo que hubiera incluido en mi voto particular:

En primer lugar, en mi opinión, el informe, al igual que muchos otros sobre transición a una sociedad baja en carbono (y yo soy el primero que reconoce su culpa por la parte que me toca), tanto en la parte de propuestas  como en la de escenarios, dedica una atención prioritaria al sector eléctrico, como si este fuera el centro de nuestro sector energético. Y yo, sinceramente, creo que no lo es. Es mucho más importante en este ámbito el transporte (véase el Observatorio de Energía y Sostenibilidad que presentaremos la semana próxima), o el consumo de calor y frío en edificios, y presenta muchos mayores retos para la descarbonización el calor en la industria. Por supuesto que el sector eléctrico es muy importante, que va a tener un papel muy relevante en la transición por la creciente electrificación, y que además es fundamental que tenga un diseño adecuado para responder a dicha transición de forma adecuada. Pero dedicando tanta extensión a este sector creo que no dirigimos la atención de la sociedad hacia el verdadero reto de la descarbonización, que son los sectores difusos. Cuidado, que no estoy diciendo que esté mal lo que se dice en los distintos capítulos sino que a veces la extensión dedicada a cada tema también es importante, por el mensaje que transmite.

El capítulo sobre fiscalidad hace propuestas muy similares a las que formulábamos ya en nuestro informe de hace unos años, así que ahí no tengo mucho que objetar más allá de pequeñas matizaciones. La novedad con respecto a otros estudios en España es que introduce la idea de que los consumidores paguen las infraestructuras, algo que, para las carreteras, presenta cierta novedad, aunque siempre se ha dicho que era para lo que se usaba el impuesto de hidrocarburos…En todo caso, creo que se plantea con prudencia, dejando espacio para que también lo paguen los Presupuestos, como podría corresponder, al menos en parte, a una inversión pública con tantas ramificaciones y efectos indirectos.

Sin embargo, y a la vista de algún titular periodístico, creo que hay que tener precaución con darle demasiada importancia al ejemplo de aplicación que se incluye con fines exclusivamente ilustrativos, y que no puede confundirse con ninguna propuesta. En el fondo, esto afecta también al resto de simulaciones, algo sobre lo que volveré luego. El ejemplo simula dos reformas muy determinadas, en las que se introducen unos impuestos ambientales, pero no otros, en las que en un caso se hace pagar a los vehículos el coste de las carreteras (a través de un impuesto sobre los combustibles) , en los que se introducen exenciones (y no compensaciones neutras, una mejor opción tal como se señala en el informe) a la industria y al transporte…es decir, unos casos muy particulares de reforma fiscal. Las simulaciones muestran unos resultados muy positivos sobre la economía en términos de PIB, y en cambio unos resultados muy pobres en términos de ahorro de emisiones. Esto, por su parte, se debe por una parte al efecto de las exenciones, y por otra a los parámetros utilizados para la simulación: unas elasticidades-precio de largo plazo, y por tanto elevadas, para los distintos productos energéticos, y una respuesta también muy alta de las exportaciones, algo muy optimista a la vista de la evidencia empírica (que señala que los efectos de este tipo de actuaciones son muy limitados).

Otros parámetros distintos, también sensatos, producirían resultados distintos. Por ejemplo, las simulaciones que hacíamos en Economics for Energy no lograban casi nunca aumentos del PIB (lo que no quiere decir por supuesto que no pueda haber ganancias en el bienestar, por la reducción de externalidades); tampoco los trabajos de  Mikel González-Eguino et al muestran mejoras del PIB generalizadas en sus simulaciones. Esto es algo bastante habitual cuando uno sube la imposición al transporte, por su importancia para el PIB español. Por otra parte, las simulaciones de EfE y de González et al citadas sí reducen más las emisiones, al no considerar exenciones, aunque la reducción de emisiones en los sectores difusos es muy limitada en tanto no haya alternativas. Por tanto, creo que lo importante del capítulo de fiscalidad está en el texto, no en el ejemplo. Para hacer una propuesta robusta de reforma fiscal harían falta más simulaciones.

Además, y también respecto al tema de fiscalidad hay que recordar que el mandato de la Comisión se limitaba al sector energético. Esto claramente sitúa muchas de las propuestas en un contexto second-best o third-best, es decir, con ineficiencias y distorsiones de partida. Por ejemplo, no se podían evaluar esquemas de retorno de la fiscalidad que alteraran el déficit, o las cotizaciones sociales. Claramente sería mucho más deseable plantear una reforma fiscal más amplia, y seguramente más eficiente.

Decía que hay que tener cuidado con darle demasiada importancia a las simulaciones. Y es que hay algunos supuestos de partida de los escenarios energéticos y eléctricos, por otra parte razonables, que evidentemente condicionan los resultados. El supuesto más importante en este sentido es el de la potencia eléctrica instalada. Como se dice en el informe, esta potencia se establece por coherencia con los escenarios de ENTSO-E, algo sensato. Pero en cambio impide evaluar bien si esta potencia es la óptima para el sistema, o cuál sería la rentabilidad de la potencia instalada. De nuevo, sería conveniente ampliar la información y contrastar los números ofrecidos por el informe con otros realizados por otras instituciones independientes (como los que han hecho distintos investigadores del IIT para Greenpeaceeste con financiación de Iberdrola). Hay que recordar además que la incertidumbre, en un sector como éste, es muy grande. Sería conveniente seguir realizando estas simulaciones con carácter periódico, a medida que se vayan resolviendo algunas de ellas, para que las políticas a implantar se analicen lo mejor posible.

Finalmente, tres temas más menores, que no tenían el nivel de consenso necesario, y que por tanto no se incluyeron, pero que a mí me hubiera gustado ver:

  • Sobre señales de inversión a largo plazo, creo que hay evidencia suficiente como para proponer directamente un mecanismo basado en reliability options (en el que por supuesto entre tanto oferta como demanda), sin necesidad de hacer una formulación tan generalista (y correcta, por otro lado) como se hace en el informe.
  • Sobre diseño de peajes, yo creo que cada vez tiene más sentido incluir señales de localización geográfica, que trasladen al consumidor o al generador los costes de conectarse en un lugar u otro (tal como propone también el informe Utility of the Future). El problema es que esto choca con una reliquia, la  tarifa única. Sinceramente, no consigo entender cómo nos seguimos empeñando en mantener esta aparente “unidad de mercado”, que genera una ineficiencia innecesaria, cuando no lo mantenemos en tantas otras cosas (por ejemplo, en los otros combustibles, o en el precio de los macarrones, o en los salarios). Puedo entender que esto fuera apropiado en otros tiempos, pero no en los actuales. Además, ya está más que demostrado que la tarifa no es el lugar de hacer políticas sociales y territoriales, hay muchas mejores formas de hacerla.
  • Y sobre la medida de la generación distribuida, me remito también al Utility of the Future: no tiene ningún sentido meterse detrás del contador del cliente, a saber si su panel fotovoltaico está generando, si su nevera está al máximo o al mínimo, o si acaba de encender el secador. Lo importante es la conexión con el sistema, no todo lo que hay detrás, y que en un contexto de avance tecnológico, ni siquiera sabemos lo que puede ser.
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Un comentario en “El informe de la Comisión de Expertos (II)

  1. Pingback: El informe del CAPTE (I) | Economics for Energy Blog

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