¿Es realista contar con la biomasa?

Una de las preguntas más frecuentes tras la publicación de nuestro reciente informe sobre escenarios energéticos es: ¿de verdad es realista toda esta cantidad de biomasa que introduce vuestro modelo? Esa misma pregunta me la hago yo muchas veces cuando leo los informes de IPCC, en los que la biomasa con captura de carbono aparece como la tecnología salvadora.

Y es que, efectivamente, la biomasa tiene varios desafíos pendientes: la disponibilidad de tierra, las emisiones debidas a los cambios indirectos en el uso de la tierra (ILUC), la logística, y las emisiones asociadas al transporte, en tanto no se descarbonice este último. No es sorprendente pues la reflexión que se hacen en este artículo de Wired, largo pero muy, muy interesante, en el que se preguntan si no confía el mundo para su salvación en una tecnología imaginaria.

En nuestro informe somos muy claros al respecto: para nosotros, la biomasa y los biocombustibles son proxies, surrogados de una tecnología necesaria pero que aún no tenemos. El problema es cuando nos engañamos pensando que, al escribirlo, ya hemos materializado la solución, y además, cuando eso nos justifica para seguir emitiendo. Y eso, aunque sea lo que piensan los investigadores (véanse las declaraciones de Van Vuuren en el artículo) no es necesariamente lo que se transmite, y menos aún, lo que se invierte en desarrollar esta u otras tecnologías necesarias para cubrir el hueco, como por ejemplo los intentos de David Keith por capturar el CO2 directamente de la atmósfera y reciclarlo en combustible. Esto no genera emisiones negativas (siempre que la electricidad necesaria provenga de vertidos renovables), pero sí elimina el problema del almacenamiento a largo plazo de CO2, que es considerado como el principal reto de esta tecnología. Otra opción similar es esta nueva tecnología basada en bacterias que producen metano a partir de CO2 residual.

Por supuesto, que nadie entienda esta entrada como un intento de criminalizar la biomasa, a la que siempre he tenido gran aprecio tanto por mi formación como agrónomo como por ser el primer proyecto de investigación en el que trabajé en el CIEMAT. Alguna de las formas de la biomasa no tiene tantos problemas: el biogas procedente de residuos es una forma estupenda de recuperar estos residuos, sin grandes costes ni inversiones (y siempre que controlemos las fugas, claro); la biomasa procedente de la limpieza de bosques puede tener claros beneficios en otros ámbitos, aunque hay tener en cuenta que al quemarla ya no permitimos que se mineralice en el terreno (que es otra forma de captura de carbono, con una liberación lenta). Y, como digo arriba, y dicen en el artículo de Wired, lo que hace falta es invertir en I+D para desarrollar esta tecnología, u otra con características similares, para lograr nuestros objetivos climáticos.

 

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