Advertencias y lecciones de Pedrógão

A continuación reproduzco el artículo de opinión recién publicado en La Voz de Galicia junto a Juan Añel, originalmente en gallego, sobre el papel del cambio climático en el incendio forestal que el pasado fin de semana acabó con la vida de más de 60 personas y las lecciones que podemos extraer y aplicar.

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En uno de los peores desastres humanos ocasionados por un incendio forestal hasta el momento y una catástrofe histórica para Portugal, país con el que compartimos tanto (también los incendios), por lo menos 64 personas fallecían este sábado en sus casas o dentro de coches mientras intentaban escapar del fuego. Las escenas, dantescas, han causado una gran impresión en todo el mundo pero en especial en Galicia. Como académicos y ciudadanos interesados en estos asuntos, respetando las investigaciones en curso y sin ánimo de buscar explicaciones unívocas a posteriori, nos sentimos interpelados a compartir alguna información y opiniones.

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Comencemos con lo más evidente y objetivo. El sábado a primera hora de la tarde Portugal y Galicia se encontraban sufriendo la mayor anomalía de temperaturas máximas del continente europeo: en torno a 15 grados por encima de la media de ese día en el período 1980-2010 (véase el mapa). Simultáneamente, una prolongada sequía llevaba a los índices de humedad a mínimos históricos para esa época del año. La combinación de ambos efectos tuvo mucho que ver con la virulencia del desastre de Pedrógão: el Secretario de Estado de Interior portugués afirmaba que la propagación del fuego se había producido de una forma ‘que no tiene explicación’. Todo lo anterior suena a definición de manual de ‘evento extremo’ asociado al cambio climático, fenómenos que preocupan especialmente a los investigadores que trabajamos en este campo por sus efectos letales. Y no queremos aquí atribuir al cambio climático el episodio puntual vivido en Portugal hace días, pero sí a la mayor recurrencia probabilística de este tipo de situaciones por la presencia de mayores concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero, lo que a efectos prácticos es básicamente lo mismo.

Porque la respuesta obvia para limitar la ocurrencia futura de estos efectos extremos es intensificar la reducción de las emisiones de gases causantes del cambio climático, algo que está claramente en peligro tras el abandono del Acuerdo de París por los EE.UU. La alarma de la opinión pública ante hechos como los de Pedrógão, que podríamos haber vivido cualquiera de nosotros en una excursión de fin de semana, puede mitigar la irresponsabilidad de ciertos decisores políticos y contribuir a una actitud más proactiva por parte de empresas y ciudadanos. Sin embargo, no nos engañemos: el cambio climático está aquí para quedarse e intensificarse en los próximos años.

Y eso nos lleva al segundo punto: es necesario tomarse muy en serio la adaptación al cambio climático y en particular a los eventos extremos. ‘No hay falta de competencia, ni de capacidad, ni de respuesta’ afirmaba el Presidente de Portugal este domingo. Desgraciadamente todo parece indicar lo contrario: las especies forestales preponderantes (eucalipto y pino) se convierten en bombas de relojería en una situación de cambio climático en estas latitudes; las carreteras y viviendas no contaban con los límites de seguridad que habrían evitado la desgracia, los planes de emergencia fueron lentos e incompletos, cuando no inexistentes… Todo falló porque probablemente aún no somos plenamente conscientes de que todo está cambiando con mucha rapidez a causa del cambio climático.

Posiblemente no haga falta explicitar las lecciones para Galicia, también muy vulnerable a los incendios forestales y al cambio climático por su situación geográfica y por sus características socio-económicas. Apuntemos, sin embargo, algunas ideas fuerza en este terreno: debemos repensar seriamente, en términos de seguridad, nuestras políticas y especialización forestal; debemos exigir a las administraciones competentes y a los propietarios privados un escrupuloso respeto a la limpieza y creación de márgenes de seguridad de terrenos forestales; debemos planificar adecuadamente infraestructuras y edificaciones; y debemos contar con sistemas de alerta e emergencias que respondan a crisis de forma inmediata. No parecen tareas imposibles porque contamos con estructuras administrativas y empresariales capaces de llevarlas a buen término y los investigadores poden contribuir a un mayor conocimiento y cuantificación de riesgos.

La Xunta de Galicia está comenzando sus trabajos para concretar la estrategia de cambio climático y transición energética a 2050: esperemos que Pedrógão sirva de revulsivo para acertar en el diagnóstico y soluciones. Y recordemos que este no es más que uno de los muchos efectos extremos que puede generar el cambio climático.

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