Cambio climático y contaminación del aire: 5 semejanzas, 5 diferencias y 5 reflexiones

A continuación, dado el interés del tema para nuestros lectores y como ya es costumbre en el blog, reproducimos la tribuna recién publicada en El Confidencial por dos colaboradores del centro: Gonzalo Sáenz de Miera y Francisco Laverón (ambos de Iberdrola).

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Cada vez hay más referencias en prensa, redes sociales y debates públicos sobre el cambio climático y la contaminación del aire. Son los principales problemas ambientales que afectan al planeta. Están de máxima actualidad en los medios de comunicación social y son también una creciente preocupación de una gran parte de los ciudadanos. Sin embargo, se tiende a confundirlos, a considerarlos indistintamente.

En este artículo analizamos los aspectos que comparten, señalamos los que les distinguen, y ofrecemos algunos elementos de reflexión sobre las relaciones entre existen entre ambos problemas y sobre lo que consideramos que debería ser la mejor forma de tratarlos, de enfrentarse a ellos, de aplicar soluciones. Porque nos parece que aportar claridad y precisión sobre estas cuestiones es esencial para que los ciudadanos estén bien informados, sean conocedores y conscientes de su gravedad, de sus verdaderas dimensiones, de sus consecuencias y de la urgencia de plantear soluciones razonables, equilibradas y compartidas.

¿Qué comparten?

  1. Su origen es común: los dos problemas son el resultado del actual modelo energético. Un modelo basado en la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), que emite CO2 y provoca el cambio climático, y genera otros contaminantes como NOx (óxidos de nitrógeno), SOx (óxidos de azufre) y partículas finas que provocan la polución del aire que respiramos. Las emisiones de CO2 provienen en su mayoría de la generación eléctrica, la industria y el transporte; en el caso de la contaminación del aire, el principal factor causante es el tráfico y las calefacciones de carbón en las ciudades, el uso de biomasa (leña, desechos animales…) para cocinar y calentarse en los países menos avanzados y las centrales eléctricas de carbón en zonas como China, Estados Unidos o Centroeuropa.
  2. Tienen un gran impacto negativo en la sociedad: el cambio climático incrementa la temperatura del planeta y provoca frecuentes y graves fenómenos, como sequías e inundaciones, reduce la producción agrícola, es causa de hambrunas. Por su parte, la contaminación del aire afecta muy gravemente a la salud humana (causa más de seis millones de muertes prematuras al año en el mundo y provoca cerca de un cuarto de los cánceres de pulmón, los ataques al corazón y los infartos cerebrales) y genera importantes daños a la economía que se pueden estimar en unos costes directos equivalentes al 0,3% del PIB mundial en gastos sanitarios, pérdida de horas de trabajo y una creciente reducción de la productividad agrícola.
  3. Su efecto a largo plazo se hará mucho más grave: tanto el cambio climático como la contaminación del aire tienen graves impactos hoy, pero sus efectos serán mucho más graves en el futuro inmediato si no se actúa con criterio, celeridad y determinación. El efecto invernadero del CO2 es acumulativo y se mantiene durante al menos 100 años en la atmósfera. Todos los elementos contaminantes que se sigan emitiendo tendrán mayor efecto en los años próximos, se irán acumulando, se irán agravando. Además, el incremento paulatino de la población urbana, la utilización cada vez en mayor número y con mayor intensidad de vehículos contaminantes y el progresivo envejecimiento de la población podría producir consecuencias extraordinariamente graves: la contaminación del aire, si no se le pone remedio a tiempo, podría multiplicarse por cinco en los próximos cincuenta años.
  4. Un modelo energético más sostenible es la solución a largo plazo: y esto pasa de forma inevitable, a nuestro juicio, por la eficiencia energética (hacer lo mismo con menos energía) y por sustitución progresiva de combustibles fósiles por energía sin emisiones, a través fundamentalmente de las energías renovables.
  5. Ambos problemas tienen una clara dimensión ética: los impactos del cambio climático y de la contaminación del aire son socializados: los provocan unos y los sufren otros, los sufre la gran mayoría de la población. Además, en ambos casos, las emisiones están muy relacionadas con las rentas altas pero los que más sufren son las rentas bajas. Por tanto, el problema y su solución tienen un componente ético considerable.

¿Qué no comparten?

  1. Ámbito geográfico: el cambio climático es un problema global, que afecta a todo el planeta: la emisión de CO2 en un lugar concreto tiene efectos sobre el conjunto del planeta. La contaminación del aire es más local o regional: por ejemplo, las emisiones del tráfico de una ciudad tienen un efecto inmediato y evidente en la contaminación del aire, sobre todo en la ciudad donde se produce. Pero sería un error pensar que es un problema solo local, ya que las emisiones contaminantes pueden viajar largas distancias y causar efectos en lugares alejados (son bien conocidos los efectos de la acidificación del aire en los países nórdicos causados por las centrales de carbón de Centroeuropa).
  2. Plazo y permanencia de impactos: aunque sus efectos ya son visibles, el impacto del cambio climático se apreciará con mayor dramatismo en el medio y en el largo plazo, a medida que se incremente la temperatura global. La contaminación del aire es, sin embargo, un efecto que se percibe más de corto plazo: es, quizás, el problema más grave al que nos enfrentamos en la actualidad. Por otra parte, los gases de efecto invernadero, como ya hemos apuntado, se mantienen en la atmósfera durante décadas. Aunque dejáramos de emitir hoy, las emisiones que ya se han producido permanecerán en la atmósfera muchos años y por tanto sus efectos. En el caso de la contaminación local, los efectos se mantienen durante menos tiempo; por tanto, si redujéramos las emisiones en una ciudad podríamos mejorar su calidad del aire en semanas o en meses.
  3. Gobernanza: el cambio climático, por sus características, requiere de acuerdos globales para hacerle frente en su verdadera dimensión. Este es el origen de los acuerdos de Kioto o de París. Para comprender la dimensión global del problema conviene tener muy presenta algo: si Europa reduce las emisiones de efecto invernadero pero China no lo hace, sus esfuerzos no serán efectivos. La decisión ha de ser global, simultánea a ser posible, para que los efectos sean globales y efectivos. En el caso de la contaminación local, la solución es más local o regional. Los ayuntamientos pueden contribuir a resolver el problema sin necesidad de acuerdos internacionales. Aunque, desde luego, sería muy conveniente que elaborasen unas guías de actuación acordadas internacionalmente para que los ayuntamientos tuvieran un marco de actuación claro y efectivo.
  4. Soluciones a corto plazo: gran parte de las soluciones que se pueden implementar son comunes para ambos problemas (fiscalidad ambiental, estándares de emisiones, educación y sensibilización…). Sin embargo, algunas políticas públicas, que solo tratan uno de ellos, pueden agravar el otro: por ejemplo, en la UE se ha fomentado el diésel porque es menos perjudicial que la gasolina en términos de cambio climático. Esta solución “unidimensional” ha acabado por convertirse en el principal causante de los problemas de calidad del aire en nuestras ciudades. Y lo mismo podría decirse, en el futuro inmediato, del biodiésel. Otro ejemplo: en atención a desarrollar políticas de “calidad del aire”, algunos ayuntamientos se están decantando por aplicar soluciones basadas en el gas para movilidad urbana o calefacción. Estas soluciones podrían impedir, en el futuro inmediato, el cumplimiento de los objetivos europeos en materia de reducción de gases de efecto invernadero. Lo que se “gana” por un lado se “pierde” por otro.
  5. Sectores clave de actuación: el foco para enfrentarse a los efectos del cambio climático se está poniendo en los grandes emisores, como las centrales eléctricas de carbón o gas, lo que está generando una transición en este sector hacia las energías renovables. Las políticas públicas de calidad del aire en las ciudades pueden ser una efectiva manera de abrir vías de solución al problema de las emisiones difusas provocadas por el transporte y el consumo de energía en los edificios.

¿Qué puede concluirse y recomendarse?

  1. No deben confundirse el cambio climático y la contaminación del aire; a pesar de sus semejanzas, tienen importantes diferencias. Es fundamental que los ciudadanos sean conscientes de los efectos de cada uno de ellos. Unos efectos que ya están presentes, que son tangibles: un alto porcentaje del número de las muertes que se producen tiene como principal factor causante la contaminación. Y este factor, si no le ponemos remedio, tendrá una influencia progresiva en el futuro.
  2. Ambos problemas tienen una causa común: el modeloenergético basado en la quema de combustibles fósiles. Por tanto, también comparten una solución a largo plazo: la descarbonización del modelo energético y la apuesta por la eficiencia energética.
  3. A corto plazo, gran parte de las soluciones a ambos problemas son las mismas. Esto es lo que se conoce como ‘cobeneficios’. Así, reducir el uso del carbón tiene efectos beneficiosos para el cambio climático y para la calidad del aire. Sin embargo, priorizar la solución de uno de estos problemas puede tener efectos negativos en el otro, como se ha visto con el fomento del diésel en Europa por sus menores emisiones de CO2 (que ha degradado la calidad del aire de nuestras ciudades) o con la apuesta por el gas en calefacciones o transporte para mejorar la calidad del aire (que puede dificultar los objetivos a largo plazo de reducción de emisiones de CO2).
  4. Por tanto, resulta esencial una adecuada coordinación de las políticas de cambio climático y de calidad del aire, tanto en el corto como en el largo plazo. No debería haber plan energético o plan de calidad del aire que no tuviera ambos factores en cuenta, y con su correspondiente análisis de largo plazo.
  5. Por sus características, el cambio climático se trata más en negociaciones internacionales organizadas por Naciones Unidas con representación de los países, que llegan a acuerdos como el de París de 2015. Por su parte, los problemas de contaminación del aire deben ser abordados más por las políticas medioambientales de las ciudades, sobre todo en países como España en el que el gran causante de los mismos es el transporte urbano. Que estas políticas se centren en mejorar la calidad del aire, con efectos directos en la salud de la población, favorece que tengan una mayor aceptación social y sean una excelente vía para desarrollar medidas que “ataquen” con eficacia a la vez ambos problemas.
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