La utility del futuro

383 páginas…pero, aprovechando las Navidades, ya me he leído el informe y comparto mi resumen y opiniones.

Lo primero, hay que reconocer que la estructura y fondo de este informe es bastante distinto de otros “The Future of” previos, quizá porque el responsable ha sido Ignacio Pérez-Arriaga, y transmite el espíritu de Ignacio en todas sus páginas (salvo alguna suelta). Hay también que apreciar el enorme mérito y autoridad de Ignacio: ha sido capaz de dirigir y publicar un informe de MIT haciendo varias cosas que a los americanos les cuesta mucho: la mayoría de los ejemplos son de un país “insignificante” para ellos 🙂 llamado España, y casi toda la chicha está escrita no por gente de MIT, sino por investigadores del IIT, algo que también dice mucho de la potencia y prestigio del instituto que fundó hace ya más de 30 años y de muchos de sus componentes (full disclosure: yo soy uno de los que tiene la suerte de pertenecer al IIT, aunque no me incluyo ni mucho menos entre sus expertos en sector eléctrico).

El informe es un verdadero tour de force en su amplitud, minuciosidad, y fuerza de sus mensajes. Pero creo que es importante decir que en muchos aspectos va más allá de lo podría esperarse de su título tomado literalmente (y en cambio, como diré luego, creo que le falta algún componente importante). Y es que, realmente, el informe podría considerarse – sin que esto sea ni mucho menos un demérito –  una actualización, u otra vuelta más, de lo que ya nos contaba Ignacio en su Libro Blanco, o en el tratado de Regulación de Sistemas Eléctricos que publicó hace unos años. Porque el fondo de casi todo el informe es cómo regular de manera ortodoxa los sistemas eléctricos, eso sí, los que esperamos que haya en el futuro, con una gran participación de recursos distribuidos (no sólo generación, sino también respuesta de la demanda y almacenamiento) y renovables. Así, el informe no pretende predecir (ni siquiera mediante escenarios) el futuro, ni ayudar a los agentes a divisarlo, su objetivo fundamental es diseñar un marco regulatorio robusto en el que pueda prosperar, si resulta de interés, cualquier nueva tecnología sin ser discriminada innecesariamente.

El estudio sigue la estructura de otros de Ignacio, la teoría de la cebolla: planteando primero una capa sencilla, para luego profundizar más en los temas introducidos. Los capítulos 2 y 3 introducen el posible marco futuro de los sistemas eléctricos, enfatizando el impacto de los recursos distribuidos. También, de forma novedosa, trata los potenciales problemas de ciberseguridad, muy relevantes en los sistemas eléctricos del futuro. Eso sí, toda esta parte, como otras obras de Ignacio, está escrita desde la perspectiva de un ingeniero. Es interesante por ejemplo cómo se formulan los servicios y las características del sector eléctrico como restricciones (cuyas variables duales son los precios de estos servicios o características). Aunque Koopmans ya demostró que las formulaciones del ingeniero-programador lineal y del economista son equivalentes, a veces creo que esta perspectiva puede dar lugar a errores de interpretación (a mí me ha pasado, y eso que conozco el lenguaje…). Por ejemplo, como cuando se dice que el valor económico va asociado a la cantidad de electricidad consumida (y no al servicio energético que proporciona), o como cuando se habla sólo de distorsiones de un mercado ingenieril perfecto en lugar de hablar, por ejemplo, de externalidades a internalizar…también en el (demasiado, en mi opinión) poco espacio que se da a los modelos de negocio (algo de lo que hablaré más adelante). En todo caso, nada demasiado grave.

Luego, los capítulos 4 a 7 se dedican a exponer la teoría ortodoxa de la regulación del sector eléctrico, haciendo más énfasis en los recursos distribuidos, pero en general cubriendo casi todo el campo, en particular el regulado. Se plantea la regulación correcta de las tarifas, las redes, la distribución, la estructura de la industria, y el diseño de mercados.  Esta parte creo que atraerá de forma distinta a los distintos públicos. Para los ya familiarizados con el trabajo de Ignacio, de Carlos Batlle, o de Tomás Gómez, esto es una consolidación de todos los temas en los que han estado trabajando últimamente, aunque no sobra leerlo. Para los no familiarizados puede ser una buena oportunidad para entender mejor cómo funcionan y cómo deben regularse los sistemas eléctricos, sobre todo los que cuenten con una penetración significativa de recursos distribuidos. A este respecto el capítulo 4 es central. El capítulo 9 recoge todo esto en forma de recomendaciones regulatorias. En todo caso, la idea central que recorre toda esta parte es: hay que montar un sistema de precios y cargos eficientes, con la máxima granularidad espacial y temporal, que permita que las señales a todos los agentes sean las correctas, las que les lleven a tomar las decisiones que maximicen el bienestar social, independientemente de las tecnologías o del tipo de recursos que haya o pueda haber en el sistema.

El capítulo 4, central como decía en el estudio, trata del diseño tarifario correcto, prestando atención tanto a la transmisión correcta de las señales económicas, como a los cargos difícilmente atribuibles a los agentes. Un estupendo tutorial para políticos o público en general J, no sólo para reguladores.

El capítulo 5 es bastante más técnico, quizá más para una audiencia de reguladores, porque se dedica a la regulación correcta de la distribución, ofreciendo una buena visión del estado del arte en esta cuestión, y de las soluciones que existen para dar los incentivos correctos a estos agentes.

El capítulo 6 vuelve a ser más generalista, al tratar de la organización correcta de la industria: de qué papel deben tener los distintos agentes, de cómo separar actividades reguladas de las no reguladas, de cómo deben estructurarse los operadores del sistema (en especial, en este caso, las distribuidoras).

El capítulo 7 explica cómo hay que modificar el diseño de los mercados eléctricos para integrar mejor los recursos distribuidos (bueno, y como decía al principio, incluso aunque no estén). También explica el valor que tienen las energías renovables para la fiabilidad del sistema, que ni mucho menos es cero, y depende fundamentalmente del tipo de mix de generación. Este capítulo presta bastante atención a los mercados de capacidad y a los mecanismos de apoyo a las renovables (para los que básicamente pide una subasta y un pago por capacidad instalada, algo que yo creo que tiene ventajas pero también inconvenientes, esto ya para otra entrada).

Pero, para mí, la parte más interesante del informe, o al menos que yo considero más novedosa, es el capítulo 8, en el que se presenta una descripción pormenorizada y en algunos casos cuantificada del valor de los recursos distribuidos en un sistema eléctrico. El resumen: que el valor de estos recursos varía mucho (en órdenes de magnitud) temporal y geográficamente, incluso dentro de una misma red de distribución. Así, en los recursos distribuidos pueden reducir mucho las pérdidas de la red de distribución, pero también aumentarlas, en función de dónde estén, del momento, y también del grado de penetración. Lo mismo con el ahorro en inversión en redes, la fiabilidad, u otros servicios. De hecho, tal como dice el informe, esto hay que contraponerlo a las economías de escala en los recursos distribuidos. Utilizando ejemplos, el informe demuestra que puede haber servicios de estos recursos que no compensan, por el mayor coste de su instalación a pequeña escala. Y concluye con otra idea muy interesante: puede ser mucho más efectivo y eficiente movilizar los recursos que ya hay (con la regulación adecuada) que desplegar nuevos. Esto se refiere fundamentalmente a la gestión de la demanda.

Como decía antes, creo que el estudio es de lectura imprescindible, y lleno de material interesante. Y lo que se dice se dice muy bien (lo único que me atrevo a discutir algo es el tema del apoyo a las renovables, y un aspecto general de aplicabilidad).

Pero precisamente por eso, a veces uno se queda con ganas de más en algunos apartados. Ya sé que todo estudio tiene que tener fin, y que 380 páginas son bastantes, así que claramente los autores han tenido que priorizar…pero ahí van unos cuantos temas por si se animan (cuando hayan tenido tiempo para descansar) a una eventual segunda parte.

Lo que más echo de menos en el informe es una discusión suficientemente amplia e integrada con todo lo demás sobre los modelos de negocio innovadores que permitiría el sistema eléctrico del futuro, esos para los que es bueno promover un terreno de juego nivelado, esos, al fin y al cabo, que constituirían de verdad la “utility del futuro”. A veces he citado aquí el trabajo de Lynn Kiesling, por ejemplo. En el IIT se ha trabajado mucho sobre modelos de gestión activa de la demanda. Sin embargo, sólo se dedica a este tema algo en el capítulo 6 (al hablar de agregadores), y el Apéndice B (resumido en el 6.5), y además este último de forma muy desconectada con el resto (sin basarse en la regulación ortodoxa, sino a veces describiendo modelos que aprovechan los huecos). Creo que este tema, por su importancia, se merecía estar en el cuerpo del informe. Sobre todo porque para los que están interesados en el sector, la regulación es sólo una condición (necesaria e imprescindible) de partida, pero no es (y no puede ser, al contrario de lo que sucede ahora, aprovechando sus errores) la base sobre la que construir oportunidades de negocio. Especialmente si, como se dice bien en el informe, al final, incluso con toda esta buena regulación, el consumidor termina desconectándose de la red. Además, como digo al final, no tengo claro que sea posible establecer este sistema óptimo de señales y regulación que se plantea. En esas condiciones, o incluso en unas condiciones óptimas en las que los consumidores no sean racionales económicamente ¿cuáles serían los modelos de negocio posibles? Como ejemplo, aquí se menciona un informe sobre energía comunitaria (de la que se habla poco en el informe), en el que se detallan las razones que llevan a los agentes a entrar en él (no siempre económicas), y las oportunidades que puede haber para las empresas en este nuevo modelo.

Relacionado con lo anterior, también me hubiera gustado leer algo más acerca de las implicaciones de los nuevos modelos de negocio y recursos sobre un debate que ni mucho menos creo que esté cerrado (aunque sí en la práctica en algunos sitios), el de si vale la pena liberalizar el tramo minorista del consumo (el también llamado debate Joskow vs Littlechild). Creo que según cómo se decida solucionar esta cuestión (y aquí el informe es neutro) también puede haber muchas derivadas interesantes.

Y por último, también creo que se dedica poco espacio al diseño de mercados mayoristas con elevada penetración de renovables. Es cierto que el informe se dedica a los recursos distribuidos, y no necesariamente a los renovables, pero creo que van muy unidos. Parece como que se da por sentado que la solución es una regulación ortodoxa que incluya un mercado de capacidad…pero creo, dado el debate no está aún cerrado, que eso es suponer demasiado, sin siquiera explicar por qué, sus ventajas e inconvenientes sobre otros enfoques.

En cuanto a lo que mencionaba del problema de aplicabilidad: Como bien dicen en el informe, no es evidente conseguir el nivel de granularidad espacial y temporal necesario para alcanzar la máxima eficiencia. Por citar un ejemplo, la de años que llevamos en Europa (o en España) diciendo que lo más eficiente son los precios nodales, y nada…como para creer posible llevarlo a la distribución…No digo que no haya que intentarlo, pero, ¿y si no somos capaces de conseguirlo?

Técnicamente es posible, y además el estudio propone soluciones menos sofisticadas para cuando no se puedan utilizar las otras. Pero, como se dice bien en el estudio, hay muchas barreras de gobernanza, de economía política, o de equidad, que me parecen difíciles de levantar. También puede ser simplemente cuestión de eficiencia. Por ejemplo, la tercera recomendación del informe es que es imperativo desplegar una infraestructura de medición avanzada (claro, porque si no, no es posible la granularidad requerida de las señales y se generan muchos subsidios cruzados). Pero esto supone un coste bastante elevado (no tanto los contadores en sí, sino los sistemas de captura de información), que yo, basado en el trabajo que hicimos en su momento en varios proyectos, no tengo claro que compense.

Así que, ¿y si no conseguimos esa granularidad temporal y geográfica, incluso a veces porque no compense el coste? Vamos a necesitar un second-best o un third-best, y ahí sería muy interesante tener la visión de expertos como Ignacio y su equipo, porque me parece que es el escenario más probable. En el capítulo 9 se introduce alguna (lo de eliminar la tarifa volumétrica, por ejemplo), pero ¿qué hacemos si no podemos aplicar casi ninguna de las recomendaciones originales?

Ignacio, me temo que necesitamos que os pongáis con la segunda parte del estudio :).

4 comentarios en “La utility del futuro

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