La transición energética se hace en autobús

El otro día en CONAMA me invitaron a participar en una mesa redonda sobre cómo comenzar la transición energética en España. La mesa fue muy interesante, porque estuvieron representados casi todos los puntos de vista, y por tanto ilustró bien los elementos comunes y los que no lo son tanto.

Pero también se volvió a repetir en gran medida uno de los males que creo que afectan a este debate, y es que, cada vez que se abre la conversación, cada cual quiere vender su moto: unos la nuclear, otros la fotovoltaica, otros el autoconsumo, otros el bombeo y las interconexiones. Curiosamente, nadie (bueno, yo y luego alguno más después) habló sobre ahorro y eficiencia (quizá porque ahí, sobre todo con el ahorro, los únicos que ganamos somos los consumidores).

Y el problema es que a la transición no podemos ir cada uno en nuestra moto: tenemos que ir todos juntos (en autobús, o en tren :)). Para eso tenemos que pasar de las mesas redondas y las discusiones en las que todos seguimos contando lo mismo a los mismos, a otra fase, en la que todos nos ponemos a diseñar la transición, con espíritu constructivo. Estos son los pasos que yo creo que tendríamos que empezar a dar para ello:

Primero, tenemos que ponernos de acuerdo sobre dónde queremos ir, y cómo queremos llegar hasta ahí. Es cierto que parte de esto nos viene dado (por ejemplo, por los compromisos internacionales y en particular europeos), y que hay cosas que no podemos hacer aunque queramos (por los límites físicos o tecnológicos). Pero todavía hay margen para la decisión. Una decisión que no puede ser sobre las motos individuales, sobre los medios (las tecnologías, o los modelos empresariales, o la propiedad de los recursos, o el papel de la regulación vs el mercado), sino sobre los fines: cuánto queremos pagar, qué impacto ambiental estamos dispuestos a asumir, qué seguridad necesitamos, cómo de justa es la distribución de esfuerzos — algo que incluye cuestiones como la pobreza energética — ….

Luego, cuando ya tengamos claro los objetivos, veremos cómo los distintos medios nos pueden ayudar a alcanzarlos. Para eso necesitamos análisis como los que vamos a comenzar en 2017 desde Economics for Energy, y los que puedan aportar otros: rigurosos, independientes, de largo plazo, que ilustren claramente los pros y los contras de las distintas opciones, que señalen a los ganadores y a los perdedores, y ayuden a centrar la discusión en el rigor y no en la demagogia.

Eso sí, hay algunas opciones que parecen claramente malas desde el principio, y otras claramente buenas. Por tanto, tampoco hay que dedicar tanto esfuerzo a ellas. El ahorro es la opción claramente prioritaria (digo ahorro, no necesariamente eficiencia). Y en cambio, cuesta ver alguna ventaja para el carbón. Como decía en la mesa redonda, el carbón es un problema social, no un problema técnico. Más sobre ello después.

Para todo esto es fundamental un esfuerzo muy importante de comunicación y de participación ciudadana. Porque la decisión última de los objetivos y de la transición no puede ser únicamente técnica, sino que debe ser política. Hay que tomar decisiones que implican distintos valores, distintas preferencias por unos objetivos o por otros, y eso requiere involucrar a los que al final van a sufrir las consecuencias, la sociedad.

Y por último, hay que gestionar la transición. Hay que preocuparse por los perdedores (como la minería), hay que tener en cuenta que las inversiones en infraestructuras quizá no puedan amortizarse, así que primero habrá que ver si son necesarias, y si lo son, gestionarlas adecuadamente.

En todo esto, por supuesto, hay que mantener la perspectiva global. Esto puede ser especialmente relevante en temas de innovación tecnológica, en la que no tiene sentido que queramos arreglar el mundo nosotros. Tendremos que aclarar qué participación queremos tener en los procesos globales de innovación, fundamentales para la transición.

PS: Por cierto, que uno de los temas que salieron fue precisamente ese del que ya amenacé el otro día que iba a escribir, la energía “democrática”.

PS2: Muy relacionado con toda esta cuestión, Teresa Ribera me ha llama la atención sobre uno de los elementos del paquete energético: Una propuesta de reglamento que obliga a todos los países a elaborar planes integrados energético-ambientales de largo plazo, a partir de Enero de 2018. Si esta propuesta se aprueba, parece que ya no habrá más excusas para comenzar.

PS3: En este capítulo del Informe España de 2015 de la Fundación Encuentro reflexionamos sobre dónde estamos y dónde creemos que hay que ir.

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Un comentario en “La transición energética se hace en autobús

  1. En efecto, puede que haya llegado el momento con la propuesta del marco de gobernanza para la Unión de la Energía de la Comisión Europea (planes nacionales integrados de energía y cambio climático a presentar el 1 de enero de 2019 y posteriormente cada 10 años y estrategias de descarbonización con un horizonte de 50 años, la primera a presentar el 1 de enero de 2020), pero no sólo para los gobiernos, sino que además las empresas que quieran formar parte de la recientemente aprobada “Alianza de Marrakech para acción por el clima” deberán hacer sus deberes aportando sus estrategias de descarbonización en 2018 así como una serie de indicadores que permitan el seguimiento de las iniciativas.

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