Soluciones para la pobreza energética

Ya adelantábamos el mes pasado que volvía, como todos los inviernos, el debate sobre la pobreza energética, este año amplificado por el trágico suceso de Reus. El Periódico de Cataluña acaba de sacar un especial sobre el tema, en el que damos nuestra opinión sobre posibles soluciones, y que aquí ampliamos algo más.

Todo lo que contamos aquí está basado en los resultados de nuestro informe, que ya decía que este problema es serio, porque, más allá de todas las discusiones sobre cómo medirla, podemos decir con bastante certeza que la pobreza energética afecta al menos a un 8-9% de los hogares españoles, a unos 6 millones de personas. Y esto es muy grave porque la pobreza energética, como una cara más de la pobreza, impide que estas personas vivan y participen de forma digna en nuestra sociedad, además de reducir la necesaria cohesión social.

Sin embargo, lo que nos parece aún más dramático es que, conociendo esta triste realidad, en estos días los políticos se dediquen preferentemente a demonizar al que creen, a veces erróneamente, que es el responsable, en lugar de trabajar juntos para solucionarlo de la mejor manera posible.

Por supuesto, hay que recordar que la pobreza energética es un componente de la pobreza general, que requiere planteamientos de mucho alcance. El de la energía no es necesariamente un problema más importante que el del acceso a la vivienda o al trabajo digno, y además está muy relacionado con ellos, por lo que podría demandarse una solución más amplia (aunque también más compleja) que tratara de solucionar todos ellos.

Pero, como ya decíamos en nuestro informe, creemos que, por las circunstancias en que se produce la pobreza energética, merece medidas específicas, que además creemos que pueden solucionar en gran medida el problema (algo que es más complicado en los otros casos). Vamos a tratar de explicarlo.

La pobreza energética es, fundamentalmente, y como otros tipos de pobreza, un problema de renta, o más bien de falta de ella. Hay otros factores que influyen: la falta de eficiencia energética en las viviendas, o los altos costes de la energía. Pero, objetivamente, el verdadero causante del problema es que estos 1,8 millones de familias no tienen renta suficiente para pagar el coste de un suministro energético básico, para iluminarse, calentarse, o hacer funcionar la lavadora o la televisión.

¿Qué hacemos ante esta situación? ¿Formular soluciones constructivas, o tratar de arrimar el ascua a nuestra sardina? Según leemos estos días, unos deciden atacar al capitalismo o al oligopolio eléctrico, como último culpable de todos nuestros males. Otros piden que se saquen determinados conceptos de la factura eléctrica, y así bajar su coste (y de paso aumentar las ventas). Lo malo es que nada de esto arregla realmente el problema.

Bajar el coste de la electricidad (sacando elementos que no deben estar en la tarifa, o eliminando posibles oligopolios) ayuda y es deseable, claro. Pero la electricidad sólo supone el 60% del consumo energético de los hogares, y en todo caso esto no la haría gratuita, que es lo que necesitarían algunas familias. La famosa tregua invernal, lo de no cortar el suministro en invierno, también ayuda. Pero supondrá que unos cuantos dejen de pagar aunque puedan hacerlo, porque, total, si no nos cortan…podemos tratar de controlar a quién se corta y a quien no, pero en estos procesos se suele perder mucho tiempo, a veces demasiado. Y claro, habrá que extenderla al verano, porque esto no es sólo un problema de calefacción. Así que esta solución también es complicada.

¿Qué es lo que creemos que realmente arreglaría el problema? Como decíamos antes, ayudar vía renta. Para ello debemos, en primer lugar, identificar a los que lo necesitan, a los consumidores vulnerables. Algo que nos lleva pidiendo Europa mucho tiempo, y para lo que hace falta una ley nacional promulgada por el Parlamento, y también la colaboración de comunidades autónomas y ayuntamientos.

Luego hay que hacer llegar estas rentas a los consumidores vulnerables: entregándoles un cheque que cubra su consumo energético básico; precargando los famosos contadores inteligentes con esta cantidad; transfiriendo a los suministradores este dinero….Hay muchas formas posibles, y debemos encontrar la que mejor respete la dignidad de las personas, tal como plantea por ejemplo Cruz Roja.

Creemos que un problema de justicia social como este, que nos afecta a todos, debe ser pagado por todos. Nuestros políticos, en cambio, quieren que lo paguen las eléctricas (o sea, los consumidores eléctricos, que somos a los que nos los repercutirán las compañías). Sigue sorprendiendo esta curiosa aproximación, herencia segura de un sistema regulado y controlado desde el Gobierno durante tantos años. A lo mejor es que todavía no se les ha ocurrido, pero nadie plantea que los colegios concertados los paguen las instituciones educativas, o que los hospitales concertados paguen las cuotas de la seguridad social… ¿Por qué esta obsesión con las eléctricas?

Pero en cualquier caso, al final la clave es que, de una forma u otra, aportemos el dinero que hace falta para solucionar esta cuestión. Hemos estimado que, como máximo absoluto (y por tanto puede ser mucho menos), la cantidad necesaria no superaría los 1.900 millones de euros. Puede parecer mucho, pero a nosotros no nos parece tanto como para que la situación se repita invierno tras invierno. Es un 2,5% de lo que nos gastamos en energía en España. Con políticas decididas de eficiencia energética podríamos compensarlo más de 10 veces. Por si quieren otra referencia, es una cuantía similar a la que nos gastamos en las compensaciones a los sistemas extrapeninsulares por el mayor coste de su energía (que por cierto, también estarían mucho mejor en los Presupuestos Generales, porque también es un problema de solidaridad). ¿Es que los hogares en pobreza energética se merecen menos estas ayudas?

En fin: ¿Queremos pues arreglar el drama de la pobreza energética? ¿O vamos a seguir persiguiendo nuestras agendas particulares utilizando la pobreza energética como excusa? Lo primero es posible. Lo segundo, inexcusable.

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3 comentarios en “Soluciones para la pobreza energética

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