Aspectos financieros del cambio climático

Ayer tuve el placer de asistir a un muy interesante seminario sobre los aspectos financieros del cambio climático, organizado por AFI e IDDRI (Teresa Ribera), y que por supuesto es muy relevante para el sector energético. Dos ponencias muy buenas, de Nick Robins (UNEP) y Helena Viñes (BNP) nos explicaron las razones por las que el cambio climático supone un reto muy importante para el sector financiero y en qué medida se está respondiendo a él. Por cierto, los dos mencionaron repetidas veces este informe de Blackrock que se está haciendo viral en el sector.

Por un lado, las inversiones requeridas en tecnologías limpias son muy grandes, y es necesario movilizar este capital. Como bien decía uno de los asistentes, el capital no va a venir del sector público, así que hay que facilitar la participación del sector privado. Los bonos verdes parecen ser una vía en auge, que hay que estandarizar y certificar (Helena comentaba que a ellos no les basta que un bono se llame verde, sino que van al tipo de inversión concreta que promueve, porque no es tan verde todo lo que parece). Pero, a pesar de los problemas, yo creo que esta vía “positiva” es algo más sencilla que la segunda, a la que voy a dedicar el resto de esta entrada.

Esta segunda vía de impacto del cambio climático en el sector financiero, “negativa”, es la relacionada con el riesgo adicional que el cambio climático, o las políticas de mitigación, suponen para las inversiones financieras (los famosos “stranded assets”). Ejemplos: si hay que reducir las emisiones y abandonar a largo plazo los combustibles fósiles, entonces el riesgo asociado a las empresas que extraen y distribuyen estos combustibles aumenta; si el cambio climático puede aumentar la frecuencia de inundaciones, los riesgos para las compañías que aseguran bienes eventualmente inundables aumentan; si los gobiernos van a exigir cada vez más que para vender una casa sea necesario un certificado energético “alto” (A o B, por ejemplo) entonces los riesgos en inversiones inmobiliarias no eficientes aumentan.

La gran pregunta aquí, claro, es en qué medida son relevantes estos riesgos para los inversores, e, igualmente importante, en qué medida son visibles para los inversores. La relevancia creo que está ya analizada en estudios como los del IPCC, así que aquí me voy a centrar en la segunda parte, que también es en la que más se detuvieron los ponentes de ayer.

En principio, los inversores sólo “ven” los riesgos climáticos cuando el mercado los ve. Y esto es un problema, porque los riesgos climáticos generalmente son de largo plazo, y el mercado sólo ve el corto, no hay generalmente productos financieros al largo plazo necesario para incorporar los riesgos originados por el cambio climático.

Es cierto que hay excepciones, generalmente asociadas a inversores de largo plazo como son las aseguradoras (que necesitan cubrir sus riesgos a muy largo plazo, por ejemplo los de seguros de vida) o los planes de pensiones (por razones obvias). Y de hecho, Nick comentó que, cuando han analizado la exposición actual de las instituciones financieras a los riesgos climáticos, han encontrado que, mientras los bancos sólo tienen una exposición del 1%, en aseguradoras y fondos de pensiones llega hasta un 5%.

Pero como decía, estas excepciones no son suficientes para solucionar el problema fundamental de la divergencia entre las tasas de descuento del mercado y las tasas de descuento sociales, que hace que el mercado se fije únicamente en los 10-15 años más cercanos, cuando los problemas climáticos pueden aparecer después. Por poner un ejemplo: si un inversor está pensando financiar una central de carbón, sólo va a mirar los 10-15 próximos años en los que amortizará la inversión, sin preocuparse de las emisiones y de los problemas climáticos que causará la central hasta que termine su vida útil, o del riesgo de que la cierren después de esos años por política climática. Pero mientras tanto, la central habrá emitido una gran cantidad de CO2, que, generalizada, hará que sea muy difícil cumplir los objetivos de reducción de emisiones que buscamos. Más aún, quizá cree un lock-in tecnológico difícil de romper. Así que, por aterrizar la cuestión, la pregunta relevante es: ¿cómo podemos desincentivar las inversiones de cierto tipo, de forma que el mercado incorpore ese riesgo climático de largo plazo que está obviando?

Ante esto, los ponentes fueron bastante positivos, aunque me temo que porque ellos precisamente se sitúan en el lado optimista/proactivo en este tema. Helena por ejemplo contó cómo BNP requiere tener en cuenta las políticas climáticas del país a la hora de valorar estas inversiones (aunque esto por ejemplo nos llevaría a invertir en carbón en España J); cómo están comenzando a remunerar a los gestores de inversiones no sólo por su rendimiento económico, sino también por cuestiones sociales o ambientales; cómo BNP obliga a que, en las empresas energéticas, haya alguien en el consejo de administración con competencias en cambio climático; cómo no aprueban las cuentas financieras si no están conformes con la política social o ambiental de la empresa; o cómo la ley francesa de transición energética (su art. 173) obliga a los inversores institucionales a incorporar estos temas en sus análisis (que no necesariamente en sus decisiones, me temo). Un asistente también propuso obligar a que el comité de riesgos de los consejos de administración incluya siempre en el orden del día los riesgos climáticos.

Pero todo esto son enfoques voluntarios, de inversión responsable, con un recorrido limitado. Además, estos esfuerzos son más sencillos en momentos como el actual, en que los tipos de interés son tan bajos que realmente están al nivel de las tasas de descuento social.

Pero, ¿qué pasará cuando los tipos suban y aumenten los incentivos para mirar sólo el corto plazo? Porque hay muchos inversores no responsables en este sentido, que sólo se preocupan de maximizar su rentabilidad financiera según los tipos del mercado. Hace falta, como decía Nick en una frase muy afortunada “make financiers behave more as long-term stewards than short-term traders”. La cuestión es cómo hacerlo, porque no es nada sencillo.

En una conversación posterior, Nick me decía que una posible solución podría estar en intervenir con incentivos fiscales. Por ejemplo, impidiendo que las desgravaciones fiscales que se logran con los planes de pensiones se apliquen si estas inversiones van a fines no deseados. Esto efectivamente puede corregir parte de los problemas, porque lo que hace es que las inversiones responsables a largo plazo puedan lograr la misma rentabilidad equivalente que las no responsables. Pero obliga a eso que se llama “picking winners”, que no es tan sencillo: el regulador debe conocer las características de todas las inversiones, y según ello ajustar el tipo de desgravación concedido. Esto vale para impedir algún tipo de inversiones (como en la central de carbón que comentaba antes), pero no para corregir realmente el desajuste entre tasas sociales y tasas de mercado.

Otra opción es ir a obligaciones más fuertes,como se han planteado hoy en el seminario al que estoy asistiendo en Bruselas. Por ejemplo, incluir factores y riesgos ambientales (o un precio al CO2) en las compras públicas, tal como hace ya el gobierno holandés. O hacer obligatorios los certificados energéticos favorables para poder vender las viviendas. O ir más allá de las compras públicas: de nuevo, en Holanda para conseguir una licencia para operar un taxi para el aeropuerto de Schiphol hace falta tener un coche eléctrico. Pero estamos en las mismas: seguimos teniendo que elegir tecnologías, o que limitarnos a la compra pública.

Un problema muy complicado, pues, y para el que no hay soluciones evidentes. De hecho, y por supuesto, toda esta cuestión va mucho más allá del cambio climático, es algo general de los mercados financieros y la sostenibilidad, algo que la hace aún más enrevesada. Todas las ideas (en los comentarios) serán bienvenidas.

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3 comentarios en “Aspectos financieros del cambio climático

  1. Buenas, ante todo decir que me ha parecido una entrada muy interesante en el blog. Me gustaría hacer algunos comentarios al respecto.
    En primer lugar das una cifra sobre exposición que no es tuya y que es posible que sea la media del sector financiero (la verdad lo desconozco), que es del 1% para el sector bancario y del 5% para el de aseguradoras. De mi experiencia resalto mi sensación de que el nivel de exposición puede llegar a ser bastante mayor.

    Hay varias consideraciones a tener en cuenta, como son por ejemplo las inversiones en el mercado de fósiles. Estos porcentajes en algunos actores del sector financiero pueden llegar a ser «muy elevado», con una cierta capacidad para comprometer seriamente las cuentas.

    Creo que una cuestión relacionada con el cambio climático que más preocupa en el sector financiero se encuentra no obstante en otra línea, en la imagen corporativa. Por ejemplo, si se analizan las condiciones en las que el ártico es explotable para la extracción de petróleo, si tal explotación llega a producirse si sería una buena idea invertir o apoyar empresas que realizasen la explotación. Se ha de tener en cuenta que negociar con los «beneficios» del cambio climático resulta poco atractivo desde el punto de vista de la imagen, sobre todo si se produce un desastre ecológico como un vertido que pudiera poner el foco sobre los inversores. Lo mismo ocurre en cierta forma con las inversiones en generación, 10-15 años y la inversión está amortizada, pero quizá solo siempre y cuando no se tengan en cuenta costes de imagen.

    Otro punto de gran preocupación en el sector financiero es el mercado hipotecario y todo lo relacionado con seguros de cosechas. La cuestión es que el cambio climático está aumentando los eventos meteorológicos extremos y se observa un creciente número de clientes que no sólo no pueden hacer frente a los pagos de hipotecas y préstamos por este tipo de eventos, sino que además necesitan créditos adicionales para acondicionar sus viviendas o hacer frente a pérdidas de cosechas. Frente a ello se pueden incorporar «mortage holidays» de un cierto número de meses e incluso préstamos asociados a interés de 0%. También existen políticas de concesión de préstamos en las cuales se ha introducido una valoración de riesgo climático asociado al negocio para el cual solicitas la financiación, no solo derivado del riesgo directo (cosecha perdida) sino de imagen (por ejemplo si pides un préstamo para un negocio muy ligado a un sector «sucio»).

    La filosofía de las «mortage holidays» es sencilla en estos casos: al fin y al cabo nuestros clientes no van a poder pagar (por la razón que sea, falta de previsión,…), pues transformemos el defecto en virtud, no perjudiquemos nuestra imagen al correr detrás de gente que lo está pasando mal y hagamos al contrario, que estén agradecidos por las facilidades que les damos.

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