¿Debemos quedarnos tranquilos con el Acuerdo de París?

Xavier, en alguna de sus últimas entradas, evalúa el Acuerdo de París sobre cambio climático, concluyendo que es un paso adelante, aunque hay muchos interrogantes que despejar. En esta entrada me gustaría profundizar en estos interrogantes. Porque, por mucho que el acuerdo en sí mismo sea algo positivo, una cosa es predicar y otra dar trigo.

Nick Butler, en FinancialTimes, nos recuerda que la realidad a la que nos enfrentamos es tozuda. Para ello se basa en su lectura de dos documentos: el Outlook de Exxon, y una evaluación de la credibilidad de las promesas para París de los países G20, elaborada por el Grantham Institute. A esto le podemos añadir documentos como el BP Outlook, o el Energy and Climate report de la AIE, que vienen a decir cosas similares.

Y lo que nos dicen todos estos documentos es que, incluso teniendo en cuenta las promesas de los países –  los INDCs –, los escenarios futuros no se alinean con el objetivo que plantea el Acuerdo. Algunos podrían argumentar que, en el caso de las empresas energéticas, o incluso en el de la AIE, estos escenarios tratan de preservar el status-quo, es decir, que tienen un papel político. Pero eso no nos debe despistar: cualquier lectura imparcial de la situación nos lleva a concluir que lograr los objetivos de 2ºC (y no digamos el de 1,5ºC) es muy difícil.

En primer lugar, y como ya decía el otro día, muchas de las estrategias nacionales están basadas en la eficiencia energética: es barata, y es poco intrusiva. Pero también es muy difícil de lograr, como la experiencia nos indica.

El otro factor esencial es el precio de los combustibles fósiles. Mientras que el carbón y el petróleo sigan siendo tan baratos, es difícil que el mercado vaya a promover su sustitución. De nuevo, se podría pensar que, al menos en el caso del petróleo, los bajos precios actuales son temporales y que su precio se volverá a recuperar al menos hasta los 70-80 dólares por barril….pero esto no arregla mucho: simplemente por dinámica de mercado, si queremos abandonar el petróleo para descarbonizar el transporte, su demanda baja y también su precio. Lo mismo pasa (de hecho ya está pasando) con el carbón. Es decir, que los bajos precios de los fósiles van a estar indisolublemente unidos a esta transición hacia los sistemas energéticos descarbonizados, y por tanto no podemos confiar en el diferencial de precios para reducir su uso.

Salvo, claro, que hagamos algo, básicamente corregir la externalidad negativa asociada a los fósiles. Pero de nuevo, una cosa es la teoría y otra la práctica, como nos recuerda MeredithFowlie. Los precios del CO2 siguen bajos, y no parece que vayan a llegar a los niveles necesarios (sobre los 150 euros/t, según algunas estimaciones propias que coinciden con las de la Agencia).

Si a esto le sumamos que a la nuclear, al menos en la OCDE, no le acaban de salir las cuentas; que los biocombustibles siguen presentando grandes problemas en términos de ILUC, y que su desarrollo es muy frágil en cuando se reconsideran las políticas de apoyo; y que el CCS ni está ni se le espera (no tanto por el desarrollo tecnológico, sino más bien por la enorme complejidad de su almacenamiento)… No entro en la geo-ingeniería porque eso ya me parece off-limits, una cuestión verdaderamente complicada. Me limito a recordar una entrada mía ya muy antigua, pero que no ha cambiado esencialmente.

Así que, ¿qué hacemos? Pues, evidentemente, lo primero es no quedarnos tranquilos con el Acuerdo, pensando que nuestros políticos han conseguido arreglar el problema casi sin que nos enteremos. Solucionar el problema del cambio climático requiere esfuerzo, y mucho, por parte de todos, y en particular del sector energético y de todos los consumidores de energía. Tenemos que transformar nuestros sistemas energéticos, y eso va a ser costoso en términos de bienestar a corto plazo.

Pero por supuesto tampoco tiene sentido caer en la desesperación o la apatía, no es ese el objetivo de esta entrada. Lo que pretendo es que seamos realistas, conscientes de la magnitud de los retos a los que nos enfrentamos. Tenemos numerosas herramientas para luchar, pero tenemos que utilizarlas si de verdad queremos arreglar el problema. Y eso supone adoptar un papel proactivo, no pasivo. Ni los mercados ni el desarrollo tecnológico por sí solo nos van a arreglar los problemas si no les ayudamos y guiamos. Por supuesto, la cuestión es cómo hacerlo de la mejor forma posible. Para eso creamos un centro como Economics for Energy, para ayudarnos a tomar mejores decisiones en este sentido.

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4 comentarios en “¿Debemos quedarnos tranquilos con el Acuerdo de París?

  1. Una forma de ver mejor el lado positivo del Acuerdo de Paris es intentar quitarnos las gafas de mirar el Protocolo de Kioto. Tendemos a valorar el nuevo acuerdo por comparación al Protocolo y en ese caso, en efecto, no hay objetivos cuantificados y legalmente vinculantes – si es que eso significa algo en derecho internacional del medio ambiente-, no están claramente definidos los mecanismos de apoyo, no hay sanciones… Pero siendo honestos cabria preguntarse acerca de la posibilidad, la utilidad e incluso conveniencia de haber mantenido ese tipo de esquemas en el mundo actual. Lo que tenemos ahora, en efecto, va a depender de lo que hagan los gobiernos pero no olvidemos que desde ya el 95% de las emisiones provenientes de la energía están cubiertas por algún tipo de estrategia o plan y lo que es más importante, se les va a dar visibilidad de manera continuada en el marco de un registro. Desde mi punto de vista, este simple hecho cambia radicalmente las reglas del juego. En el marco del acuerdo, además, no perdamos de vista la Agenda Lima Paris para la movilización de agentes no gubernamentales, cuyo mantenimiento y refuerzo supone en mi opinión un reto equivalente o incluso mayor y que puede marcar una diferencia sustancial con el pasado en términos de participación del sector privado, regiones y ciudades y por tanto de obtención de reducciones de gases de efecto invernadero reales que vengan de la mano de la tecnología, buenas prácticas, gestión y mercados.

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  2. Pingback: La reforma del Sistema Europeo de Comercio de Emisiones | Economics for Energy Blog

  3. Pedro, ¡muy interesante reflexión!
    Como optimista nato que soy mi lectura de la cumbre es que ha permitido un importantísimo acuerdo sobre las reglas de juego que van a regir la política climática en el futuro, y bastante poco en cuanto al objetivo final de limitar el aumento del temperatura a 2ºC. Coincido en que el objetivo de 1.5ºC es muy poco realista. Pero dado que para lograr el objetivo final es imprescindible contar con unas reglas de juego bien definidas, la cumbre de Paris ha supuesto un antes y un después. A mi juicio, el reto está ahora en continuar trabajando en sucesivas cumbres y diseñar el camino que nos lleve al objetivo de los 2ºC. No creo que las expectativas de que la cumbre de Paris fuera a lograr un acuerdo que nos permitiera llegar directamente a cumplir el objetivo eran realistas.
    ¡Creo que le queda una larga vida a Economics for Energy y que su trabajo va a ir cobrando aún más importancia!

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  4. Pingback: Precios al CO2 vs políticas de innovación | Economics for Energy Blog

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