Políticas climáticas: el precio no basta

Un mensaje bastante estándar, la verdad: dados los abundantes fallos de mercado y barreras que afectan al sector energético (y a otros sectores responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero), no podemos confiar únicamente en la señal que da el precio de los permisos de emisión. Esto ya lo hemos comentado en este blog en numerosas ocasiones, por ejemplo aquí, aquí o aquí. También lo debatíamos antes de la Semana Santa en Diálogos de Energía y Sostenibilidad, y seguiremos discutiéndolo en la próxima reunión.

Si encima hay problemas con la fijación de este precio, bien porque el impuesto sea puramente político (y generalmente demasiado bajo) o porque los mercados de emisiones no funcionen bien (véase el caso europeo), peor aún.
La respuesta: combinar el precio con otros instrumentos, como los estándares, o, según este planteamiento de Michael Grubb, las inversiones estratégicas para transformar el sistema. La verdad es que el planteamiento tiene mucho sentido, y el esquema que introduce Grubb es muy interesante.
Pero desgraciadamente creo que tiene un riesgo: cuando separamos las políticas de las señales de mercado, estamos abriendo la puerta a la arbitrariedad en este mundo en el que estamos. ¿Quién decide qué inversiones realizar?¿O hasta qué punto apretar con los estándares? Entramos en un terreno en el que los políticos o reguladores (que desgraciadamente no tienen toda la información, ni responden siempre a motivaciones de bien común) pueden colarnos cosas sin justificar adecuadamente. Otra cosa, por supuesto, es que estas actuaciones respondan a un consenso social mayoritario, que por tanto puede amparar realizar inversiones aunque los beneficios no compensen ni de largo a los costes. Pero también nos pueden llevar a cosas como el tren de alta velocidad, que no está claro que realmente fuera la mejor solución, ni siquiera aunque se incluyan los beneficios “sociales”.
¿Digo con esto que no podemos utilizar otros instrumentos, necesarios, que no sean los basados en el mercado? No, por supuesto. Son imprescindibles. Pero claramente requieren un nivel de gobernanza y de análisis de costes y beneficios que no está claro que tengamos todos los países.
Hablando de análisis, aquí va un ejemplo interesante de cómo hace falta un buen estudio para no desperdiciar el dinero público en el estímulo a la innovación. Aquí va otro sobre el uso de estándares para regular las gasolinas. Desgraciadamente, no es sencillo encontrar este tipo de estudios (ni regulaciones) en España. De hecho, también son buenos ejemplos de lo importante que es disponer de buenos datos para informar las políticas, otro tema en el que España seguimos estando muy, muy atrasados…
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