Una nueva dimensión en la evaluación de las políticas de información

Hemos publicado numerosos posts en este blog que tratan sobre los instrumentos de información, en concreto sobre los sistemas de certificados o etiquetas energéticas. En ellos describimos los fallos de mercado que justifican su existencia (la información imperfecta y los fallos de comportamiento), los diferentes tipos y legislaciones que han ido regulando su implantación (sobre todo en Europa y los EE.UU.) y, las principales líneas de investigación académica que tratan de estimar la disposición a pagar de los consumidores por productos certificados. Sin embargo, nada hemos dicho hasta el momento sobre cómo reaccionan los productores ante este tipo de políticas. En este post se resume una parte revisada de la tesis doctoral del investigador Sébastien Houde, assistant professor de la University of Maryland. En ella se analiza cómo el sistema de etiquetado energético voluntario establecido por la US Environmental Protection Agency (EPA), ENERGY STAR, para diferenciar aquellos productos energéticos con un rendimiento energético superior, influye sobre la provisión de la eficiencia energética y de los precios en el mercado de las neveras. Además, realiza una simulación para cuantificar el efecto que produce este sistema sobre el excedente del consumidor.
Antes de nada es importante repetir que a diferencia del sistema europeo de certificación energética, el ENERGY STARes voluntario, hecho que determina los resultados obtenidos en este estudio, cuya hipótesis es la siguiente. Cuando los productores pueden distorsionar el diseño y el precio de sus productos en función de un sistema de certificación energética, los beneficios asociados a este tipo de políticas pueden ser inesperados. Es decir, en aquellos casos en los que el diseño de los sistemas de certificación permite al productor poner en marcha diferentes estrategias comerciales para beneficiarse de dicho sistema, pueden producirse efectos distributivos no esperados.  
Para contrastar esta hipótesis el autor lleva a cabo un experimento natural producido por dos eventos que tuvieron lugar en el mercado de las neveras en los EE.UU. En primer lugar, en el año 2008, la EPA revisó y aumentó los requisitos necesarios para obtener el certificado ENERGY STAR, lo que supuso que algunos productos perdiesen su certificado al no cumplir con los nuevos parámetros. Algunos años después, se detectaron irregularidades en el proceso de certificación de algunos modelos de neveras, lo que produjo una nueva retirada de los certificados correspondientes.
A partir de un modelo de diferencias en diferencias, y controlando por el resto de atributos de los productos, el estudio muestra que gracias a los certificados, los productores realizan una diferenciación mayor de sus productos con relación a su nivel de eficiencia energética, agrupándolos en dos tipos: los que cumplen con el mínimo establecido por la ley, y los que consiguen el certificado, y fijan precios más altos por estos últimos que les permitan obtener mayores margen de beneficios. Este hecho es posible gracias a que algunos consumidores sobrevaloran los productos certificados. Es decir, el sistema de etiquetado voluntario les permite realizar una diferenciación de sus productos más grande con la que se apropian del excedente de los consumidores. Los efectos sobre el excedente se basan en los resultados de una simulación que sugiere que los consumidores, sin embargo, estarían mejor en un mercado sin certificación en donde los productores ofrecen neveras que cumplen los requisitos de rendimiento energético que marca la ley, con solo unos pocos excediendo dicho nivel. Es decir, según sus resultados, en un mercado de neveras sin certificados voluntarios existe menos diferenciación, hay mayor competitividad, se reducen los márgenes de beneficio de los productores y aumenta el excedente de los consumidores que pagan precios más bajos, aunque con un nivel de eficiencia energético menor. 

En un momento en el que las políticas de información están atrayendo mucho interés, es muy interesante seguir esta línea de investigación, que aporta una nueva dimensión a la evaluación de las políticas públicas de información, que hasta el momento se han centrado en investigar la respuesta de los consumidores ante la provisión de información, dejando a un lado la respuesta de los productores, y sus efectos sobre el bienestar. 
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