La Cumbre de Varsovia: “pequeños avances en espera de decisiones de envergadura en la cumbre de París 2015”

La Cumbre del Clima de Varsovia (COP 19/CMP9), que se llevó a cabo entre el 11 y el 23 de noviembre 2013 en Polonia, venía precedida de una falta de expectativas de lograr avances destacables pero con el objetivo claro de actuar en, al menos, dos frentes: (1) En sentar las bases para un compromiso de reducción de emisiones a partir del 2020 que permitiera lograr el objetivo de no superar un aumento de temperatura global de 2ºC acordado en Cancún (COP16). Y, (2) en avanzar en la movilización de los 100.000 millones de dólares anuales comprometidos por los países desarrollados para cuestiones de adaptación y mitigación en países en vías de desarrollo.

La primera de las cuestiones sugería poner todas las miradas en la futura cumbre de París (COP21) en el año 2015, fecha tope para la aprobación de un acuerdo que diera continuidad a lo logrado con el Protocolo de Kioto, contemplando una parada técnica en la cumbre de Lima (COP20) en 2014. La segunda cuestión seguía dividiendo a los países en relación a cómo generar los recursos y cómo distribuirlos de forma equitativa.
La COP 19 comenzó marcada por la catástrofe del Ciclón Haiyan en Filipinas, las lágrimas del representante Filipino en la cumbre –conmovido por lo ocurrido en su país—, y su posterior anuncio de iniciar una huelga de hambre en protesta por los escasos avances conseguidos en materia de cambio climático.
Japón notificaba en el plenario la relajación de sus compromisos de mitigación de emisiones anunciando una reducción de tan sólo 3,8% con respecto a niveles de 2005 (equivalente a un incremento del 3.1% respecto a 1990) en lugar del objetivo de reducción del 25% con respecto a 1990. Este cambió fue motivado por el cierre de 50 centrales nucleares a partir del accidente de Fukushima en 2011. Australia, a su vez, anunciaba la eliminación del impuesto al carbono vigente en su territorio mientras sugería no estar dispuesta a asumir compromisos de mitigación ambiciosos ni a comprometer recursos públicos en el apoyo a los países en vías de desarrollo. Canadá, poco dispuesta a asumir compromisos de reducción aplaudía los anuncios de Australia.
Comenzó la cumbre y con ella las reuniones multilaterales a varios niveles, los actos paralelos – donde científicos, ONGs, think-tanks y otros grupos de interés tratan de alertar a los delegados de los países respecto a diversas cuestiones relacionadas con el tema y sus visiones al respecto—y las discusiones en las principales áreas de trabajo de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático.
La cumbre siguió el guion establecido para este tipo de encuentros donde nada resulta acordado hasta las últimas horas del encuentro, manteniendo así cada participante la esperanza de lograr avances en la dirección deseada.
La escasa tensión que se respiraba en el ambiente de las delegaciones no hacía presagiar nada bueno o al menos nada destacable; bien porque no se esperaban avances de calado, o bien porque las decisiones importantes estaban ya tomadas. El movimiento civil de las ONGs decidió el jueves 21 abandonar la cumbre en un acto de protesta por los escasos avances que se estaban dando. 400 organizaciones no gubernamentales (incluyendo organizaciones sindicales, ecologistas, etc.) abandonaron el recinto quedando tan sólo algún representante para garantizar un seguimiento mínimo de las negociaciones.
La finalización de la cumbre se retrasó, como suele ser habitual, dándose por concluida el sábado 23 de Noviembre con los siguientes acuerdos:
  1. Se aprobó un borrador del acuerdo universal sobre el que trabajar de cara a la Cumbre del Clima de París (COP21). Hasta el primer trimestre de 2015, los países harán públicas las contribuciones que están dispuestos a hacer en materia de mitigación. Nótese que el término “contribución” viene a sustituir a la palabra “compromiso”, por suponer un obstáculo en el avance de la negociación, sobre todo para países como China e India. La Unión Europea tiene previsto anunciar sus objetivos de reducción de emisiones en 2014, y Estados Unidos a principios de 2015.
  2. Se creó el “Mecanismo Internacional de Varsovia”, que servirá para atender las necesidades urgentes de asistencia (asesoramiento y apoyo financiero) ante los impactos del cambio climático. Para algunos países, como Filipinas, el hecho de que no se lograse dotarlo de presupuesto ha sido decepcionante.
  3. Los países desarrollados se comprometieron a preparar presentaciones bianuales de sus estrategias para conseguir incrementar la financiación entre 2014 y 2020. En el marco de las promesas de Cancún (COP16), de movilizar 100.000 millones de dólares al año para 2020, algunos países (Noruega, el Reino Unido, La Unión Europea, Estados Unidos, la República de Corea, Japón, Suecia, Alemania y Finlandia) anunciaron nuevas contribuciones. Además, se acordaron las reglas y procedimientos para el Fondo Verde para el Clima y se recomendó que la movilización de recursos empezara lo antes posible. Para su definitiva puesta en marcha, los países desarrollados tendrán que hacer contribuciones antes de la próxima reunión de Lima (COP20).
  4. Otro avance importante fue la creación del “Marco de Varsovia para REDD+”, que contiene sistemas de financiación para acciones con resultados demostrados y otras cuestiones metodológicas. Estados Unidos, Noruega y el Reino Unido se comprometieron a aportar 280 millones de dólares para combatir la deforestación.
  5. 48 países en desarrollo terminaron sus Planes Nacionales de Adaptación, y varios países desarrollados (incluyendo Austria, Bélgica, Finlandia, Francia, Alemania, Noruega, Suecia y Suiza) prometieron más de 100 millones de dólares para el Fondo de Adaptación.
  6. Se acordó impulsar el Mecanismo de Desarrollo Limpio, para que los países sin compromisos bajo el Protocolo de Kioto sigan pudiendo comercializar Certificados de Reducción de Emisiones.
Antes de la cita en París (COP21), los jefes de Estado se volverán a encontrar el próximo septiembre en Nueva York y a finales de año en la conferencia anual de la ONU sobre el clima en Lima (COP20). La cita de Nueva York ha sido organizada por el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, con el propósito de complementar las negociaciones de la Convención y a ella están invitados, además de todos los gobiernos, los líderes de otros colectivos. No queda claro cómo interpretar la convocatoria de esta nueva cumbre que parece más encaminada a poner parches a una situación que hace aguas,  y en la que sólo participaran los buenos alumnos, que a un esfuerzo efectivo para lograr avances en aquellos países más reacios a compromisos.
La cumbre de Varsovia (COP19) no pasará a la historia por lograr avances significativos en el diseño de la lucha contra el cambio climático, pero sí que ha permitido una serie de logros técnicos que hacen que el camino hasta París, aunque lleno de baches, sea aun posible. Habrá que confiar en que durante 2014 y 2015 los mandatarios sean realmente conscientes de la urgencia de lograr avances claros en materia de mitigación para mantener el objetivo de los 2ºC. Si no fuera así, gran parte del esfuerzo realizado hasta la fecha caería en saco roto, poniendo en grave peligro no sólo el logro del resto de las cuestiones analizadas, sino también, según el IPCC, todos los sistemas (ambientales, económicos, sociales, etc.) del planeta.
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