Tiempos de reflexión ante la encrucijada energética de Europa

Corren tiempos de reflexión en relación al futuro del modelo energético europeo. Y es que el tiempo vuela, y el horizonte 2020 con sus flamantes objetivos 20/20/20 ya casi podría considerarse corto plazo. Estos objetivos y el marco asociado se quedan cortos para ofrecer las señales de largo plazo que demandan los agentes europeos para acometer sus inversiones.
Es verdad que se dispone de una Hoja de Ruta para la Energía con horizonte 2050 en la que se incluye el objetivo europeo de reducir las emisiones de CO2 un 80-95% en 2050 respecto a los niveles de 1990 y un conjunto de escenarios sobre la evolución del modelo energético bajo distintos supuestos. No obstante, en mi opinión, no está claro ni que Europa se crea el objetivo anterior ni que los supuestos en los que se basó la elaboración de la hoja de ruta sigan vigentes. Más bien, parece que el verdadero proceso de reflexión sobre el modelo energético futuro en Europa se ha abierto con la consulta que plantea el libro verde: Green PaperA 2030 framework for climate and energy policies“.
En el libro verde la Comisión Europea lanza preguntas de todo tipo sobre el marco que guiaría las políticas energéticas y de clima más allá de 2030. Este documento es un ejercicio intelectual de gran interés porque no asume dogmas de partida; cuestiona la propia base de los objetivos 20/20/20 (“¿Ha habido incoherencias en las metas fijadas para 2020?”, “¿son adecuadas las metas para subsectores tales como el transporte, la agricultura y la industria?”) y plantea abiertamente preguntas sobre los objetivos básicos e instrumentos a establecer en 2030 ( “¿Qué metas serán las más eficaces para alcanzar los objetivos de la política de clima y energía en 2030?… en qué medida deberían ser jurídicamente vinculantes?”).
La respuesta a estas preguntas es cada vez más acuciante; especialmente con una economía europea que languidece y pierde competitividad en su suministro energético frente a sus principales competidores mundiales. Es destacable en este punto la importancia que se le ha concedido a la competitividad en las conclusiones del Consejo Europeo de Energía y Fiscalidad de 22 de mayo de 2013 y en la presentación del Presidente de la Comisión Europea para el Consejo. Los datos que ofrecía sobre el aumento de precios experimentado en el sector energético en Europa en comparación con los de otras zonas del mundo son muy preocupantes. De 2005 a 2012 la electricidad y el gas, tanto para hogares como para empresas, se han encarecido en Europa entre un 22% y un 45%. En ese mismo periodo las variaciones en EE UU han oscilado entre la caída del 66% para el precio del gas destinado a la industria hasta el incremento del 8% para la electricidad de los hogares.
Como decía, el diagnóstico de la situación actual plantea la necesidad de hacer una reflexión profunda sobre el modelo adoptado y el marco de políticas a desarrollar. En la medida de lo posible habría que evitar hacer caso a “cantos de sirenas” que intentan que se tomen decisiones precipitadas en favor de unas u otras opciones, aludiendo a los buenos resultados de esas estrategias en nuestros competidores. Europa tiene sus propias características económicas, geográficas, sociales y políticas y, bajo mi punto de vista, cualquier propuesta de éxito deberá tenerlas en cuenta. 
Una de las reflexiones más interesantes que he leído recientemente sobre la encrucijada energética en la que se encuentra Europa y las posibles soluciones la ha realizado Fatih Birol (Economista Jefe de la Agencia Internacional de la Energía). Fatih Birol señala que, de seguir con las políticas actuales, en 2035 el consumidor eléctrico europeo pagará un 40% más que su homólogo estadounidense y más del doble que un chino. Y aconseja a Europa realizar una apuesta importante por la eficiencia energética para avanzar hacia la sostenibilidad de su suministro energético (en términos de competitividad y de medio ambiente). Algunas recomendaciones que ofrece en este ámbito son las siguientes:
  • Necesidad de aplicar estándares muy ambiciosos en equipos, procesos, códigos de construcción, exigencias de utilizar BATs (Best Avaliable Technologies)… 
  • Otorgar importancia al bloque edificación. Muy importante, y más teniendo en cuenta el envejecido parque de edificios en Europa. Necesidad de apostar por mejoras en aislamientos.
  • Considerar el transporte un eje básico para avanzar en esta transformación del modelo energético. Hay mucho potencial para aumentar la eficiencia de los vehículos de transporte por carretera y de introducir las fuentes renovables en la energía que utilizan. Se estima que en 2035 la UE podría llegar a reducir su consumo de petróleo en un millón de barriles al día, y las tres cuartas partes de esa reducción provendrían de ahorros procedentes del transporte por carretera. 

Sin embargo, el análisis de Fatih Birol es uno más en la multitud de reflexiones y opiniones que se están realizando desde todos los ámbitos: empresas, patronales, reguladores,…Y  más allá de los análisis, parece que va llegando el momento de tomar decisiones políticas y apostar por un modelo con objetivos e instrumentos concretos que hagan del sector energético un dinamizador de la economía europea. 
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