Estudios macroeconómicos sobre tecnologías energéticas

En los últimos años han proliferado los estudios sobre el impacto macroeconómico del desarrollo de distintas tecnologías energéticas. En especial en España se han elaborado unos cuantos sobre energías renovables: eólica, solar, renovables en general
Estos estudios son evidentemente interesantes: como ya hemos argumentado en alguna ocasión, las políticas de apoyo a las energías renovables no sólo tienen una motivación energética o ambiental, sino también de política industrial o desarrollo tecnológico: los gobiernos que apoyan estas tecnologías tienen como objetivo, a veces principal (aunque no necesariamente explícito) la creación de empleo o conocimiento en un nuevo sector. La Unión Europea ha mencionado expresamente esto cuando ha defendido su política climática o de apoyo a las renovables. Por tanto, viene bien saber cuáles son los resultados que se obtienen a este respecto.

El problema es que hacer un estudio de estas características no es ni mucho menos sencillo: hacen falta modelos complejos que permitan estudiar todas las interacciones no sólo en el sector energético, sino también en el resto de la economía.
Y además muchos de los estudios siguen cometiendo errores en las estimaciones, que hacen que las cifras no se puedan usar para tomar decisiones correctas. Esto ya lo hemos dicho en alguna ocasión, pero no viene mal recordarlo. ¿Cuáles son los principales problemas que presentan la mayoría de los estudios que se difunden?
– El primero, que no tienen en cuenta el coste de oportunidad del capital: cuando se decide utilizar el dinero (de los consumidores o de los contribuyentes) para financiar una determinada tecnología se está dejando de financiar otra actividad. Es decir, que ese dinero podría haberse usado para otro fin, que incluso podría haber sido más beneficioso, en términos de empleo, o de valor añadido, o del parámetro que escojamos para evaluarlo. Y por supuesto no hay que quedarse dentro del sector energético. Por ejemplo, ¿qué pasaría si usáramos el dinero de las primas renovables para mejorar la calidad de la educación?¿O, quedándonos en política industrial, si decidiéramos emplearlo para apoyar la industria de la biotecnología, por ejemplo? Si no se tiene en cuenta este coste de oportunidad nunca se podrá evaluar correctamente el empleo adicional que se genera.
– El segundo problema, que afortunadamente no está presente en todos los estudios, es que se comparan peras con manzanas, o, para ser concretos, se suele comparar el coste de las primas con el ahorro por importaciones de petróleo que supone una mayor penetración de las renovables. Pero lo malo es que esto no es comparable, porque son cosas distintas. Las importaciones de petróleo ya incluyen el coste de esta materia prima, y por tanto reflejan un gasto completo en energía y su correspondiente valor añadido, mientras que las primas no. De hecho, las importaciones no son necesariamente malas en algunos aspectos (ver esta entrada mía antigua), aunque evidentemente sí suponen una salida de rentas del país (con consecuencias sobre el empleo, claro). Si se quisiera comparar algo habría que comparar las importaciones con el coste total de las renovables (incluida la prima), y claro, ahí ya las cuentas no son tan favorables (entre otras cosas, porque no se consideran los costes externos).
Entonces, ¿qué hacer? Pues meterse en estudios más complejos, típicamente al menos de equilibrio general, en los que puedan tenerse en cuenta estas cuestiones. Un ejemplo es este estudio, ya antiguo, patrocinado por la Comisión Europea, en el que se obtenían resultados positivos para las renovables. El trabajo tiene sus limitaciones (no está claro que recoja totalmente el coste de oportunidad del capital), pero aporta más que los citados al comienzo. Más recientemente, Cristoph Bohringer y otros han analizado también con un modelo de equilibrio general esta cuestión. Su conclusión: que todo depende de cómo se financie el sistema de apoyo. Si se financian mediante impuestos al trabajo (como una reforma fiscal verde, pero al revés), los efectos son negativos tanto en términos de bienestar como de empleo. Si se emplea en cambio un impuesto a la electricidad, los beneficios dependen de la tasa escogida, para niveles altos de nuevo hay pérdidas de bienestar.
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