Los subsidios energéticos y la reforma económica en Egipto

En 2008, los subsidios a los combustibles fósiles en el mundo en desarrollo superaron los 500 mil millones de dólares americanos. Estos subsidios distorsionan la asignación de recursos, que se traduce en exceso de consumo de petróleo, gas y carbón; debilitan los incentivos para la innovación y despliegue en tecnologías no fósiles; aumentan la contaminación del aire y dióxido de carbono, disminuyen la producción económica, imponen una importante carga fiscal, y contribuyen a la volatilidad de los mercados mundiales de la energía.

En Egipto, el problema de subvenciones se ha vuelto más difícil políticamente desde el levantamiento que derrocó al presidente Hosni Mubarak el año pasado, debido a la crisis que redujo el crecimiento económico, elevando el desempleo y la pobreza. Durante años, el gobierno se ha resistido a reducir los subsidios por temor a la inflación y a la ira de sus ciudadanos. Ahora está bajo una renovada presión para hacer frente al problema, ya que tenía que negociar un préstamo de emergencia de 3.200 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional (FMI) para evitar una crisis de balanza de pagos, el FMI espera por su parte de un compromiso del gobierno para reformar sus finanzas.
Recientemente el gobierno ha firmado un acuerdo preliminar con el FMI por un paquete de ayuda de 4.800 millones de dólares. El gabinete reveló que está dispuesto a finalizar este acuerdo, ya que considera que los inversores globales lo perciben como un sello de aprobación sobre el programa económico de Egipto – a pesar de las dificultades actuales en el frente político. Uno tiene que sospechar que el principal problema tiene que ver con las subvenciones en general y, específicamente, los subsidios a la energía, lo que parece ser un problema muy gordo.
Se supone que el equipo técnico del FMI indicó que las autoridades egipcias tendrían que tomar más medidas de austeridad y ejercer mayor prudencia con la distribución de las reservas internacionales netas – y no pueden disfrutar de la misma libertad a la que tuvieron que recurrir anteriormente. En pocas palabras, Egipto gasta mucho más de lo que recauda. Los fondos, que vienen principalmente de los impuestos, los ingresos por privatizaciones y así sucesivamente, son menores que el dinero gastado en salarios de los empleados públicos, subvenciones, etc.
El gasto del gobierno ha estado creciendo a una tasa de crecimiento medio acumulado del 16% desde 2006-2007 hasta este año fiscal, muy superior a los ingresos, que registraron una tasa de sólo el 10,8 %. Por lo tanto, el déficit presupuestario global ha aumentado con el tiempo, junto con el aumento de las subvenciones, especialmente en materia de energía.
Egipto subsidia casi todos sus productos energéticos, incluyendo a la gasolina, cuyo precio promedio de venta al público es de 23 centavos de dólar por litro (87 centavos de dólar por galón EE.UU.), siendo uno de los más baratos del mundo. Aunque el país exporta gas natural, importa parte de su petróleo. Los precios subsidiados  han contribuido a un aumento en el consumo de energía que el país no puede permitirse. En los últimos años, el consumo de gas licuado de petróleo (GLP) se ha incrementado un 10% anual, la gasolina subió un 12%, el diesel un 6%  y el fuel-oil un 6%, según las cifras proporcionadas por una sede de una empresa energética en El Cairo. Por otra parte, alrededor del 44% de los subsidios del gobierno van a diesel, utilizado principalmente por el transporte y la industria, y el 22% a fuel-oil, utilizado por las plantas industriales y de energía.  
Resolver el problemático subsidio energético “es crucial ahora porque el estado fiscal es muy apretado”, dijo Nada Farid, un economista de Investigación Beltone. “Todos los partidos políticos, el FMI y el gobierno están diciendo que el tema de los subsidios energéticos debe abordarse lo antes posible. Se trata de tener un voluntad política para tomar la decisión adecuada”.
Efectivamente, el Gabinete egipcio presentó el miércoles de esta semana su programa de reforma económica, en el cual el préstamo de 4.800 millones de dólares del FMI era condicional. En cuanto a la reforma fiscal, el nuevo programa tiene como objetivo reducir el déficit público hasta el 10,4% para el año fiscal actual, y por debajo del 11% para el curso fiscal 2011/12. Según el programa, el déficit presupuestario debería ser inferior al 5% para el año fiscal 2016/17. El programa de reforma fiscal también pide poner freno a los gastos. El gobierno ya ha tomado varias medidas para reestructurar el sistema de los subsidios energéticos. Estos incluyen recortar los subsidios para las industrias con un consumo intensivo de energía, distribución de bombonas de butano a través de un sistema de cupones, y cortar los subsidios a alto octanaje-95 de gasolina (que se puso en marcha). En el presupuesto de 2012/13, el gobierno anunció planes para reducir los subsidios totales de energía a 70.000 millones de libras egipcias (11.4 mil millones de dólares). Muchos expertos, sin embargo, creen que esto es demasiado optimista. Por otra parte las tasas tributarias corporativas fueron modificadas a mediados de 2011, cuando la tasa de impuestos sobre los ingresos superiores a 10.000 millones de libras egípcias (1.600 millones de dólares) se elevó del 20 al 25 %. Si bien, muchos expertos dicen que el nuevo impuesto no aumentará los ingresos nacionales, pero mitigará las convocatorias de la justicia social en Egipto a través de impuestos progresivos. En consonancia con la eliminación de los subsidios energéticos, el gobierno ha esbozado planes para expandir el uso del gas natural en los hogares, así como en instalaciones comerciales, industriales y turísticas para salvar al país el valor de los subsidios petroleros.
Es verdad que muchos estudios de impacto encuentran que los beneficiarios finales de las subvenciones son en realidad los más ricos del país. De acuerdo con un estudio realizado por el Centro Egipcio de Estudios Económicos (ECES) los subsidios energéticos benefician más a los ricos que los pobres. Sin embargo, un plan serio para eliminar gradualmente los subsidios debe considerar cuidadosamente los impactos directos e indirectos. Debe haber una campaña de educación pública amplia y de largo alcance para explicar el problema en cuestión y racionalizar las razones detrás de los recortes de gasto.
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