La revolución energética que viene

Una de mis aficiones en verano, como la de muchos, es leer todo lo que puedo. Y este año uno de los libros ha sido Abundance, de Diamandis y Kotler (ver mi reseña completa). En él hay un capítulo bastante relevante para este blog, ya que describe muchos de los avances tecnológicos que se están realizando ahora mismo en la generación de la energía. Así que me ha parecido una buena idea resumirlos y complementarlos con otros también igualmente relevantes desde el lado de la demanda, como primera entrada de este curso.

En los dos casos hablo de tecnologías disruptivas, es decir, que cambian radicalmente el negocio energético. Un ejemplo: ¿qué pasará cuando la electricidad generada con fotovoltaica resulte más barata que la generada con gas?¿Y cuando el almacenamiento baje mucho de precio?¿Tendrá sentido entonces seguir construyendo centrales de ciclo combinado más redes eléctricas, o saldrá más barato generar con fotovoltaica y almacenar? Claro, esto creará un lucro cesante enorme en las infraestructuras actuales que ya no harán falta…pero eso mismo es la característica principal de una tecnología disruptiva. En todo caso, aquí están las principales innovaciones:
– La bajada de coste de los paneles fotovoltaicos, por distintas vías: haciendo más finas las células, reemplazando materiales raros (como el indio y el galio) por otros como cobre, zinc, o selenio; aumentando la eficiencia de los paneles usando nanotubos de carbono; usando células orgánicas…todo ello podría bajar su coste en un orden de magnitud, tal como se propone el programa SunShot.
– Otra que también tiene que ver con la fotovoltaica, pero mucho más radical: sustituir los materiales semiconductores por otros como el cristal (mucho más barato, claro).
– Algas que producen biocombustible con 1000 veces más eficiencia que los procesos actuales.
– Crear la fotosíntesis artificial: convertir sol, agua y CO2 en combustible; y a la vez mejorar la eficiencia de la fotosíntesis en dos órdenes de magnitud.
– En baterías también hay mucha tela que cortar: de flujo recargablesustituyendo el litio por sodio, o usando metales líquidos (esta última reduce el coste 10 veces frente a una tradicional de Li-ion).
– Una smart grid basada en la internet de las cosas.
– Y dispositivos inteligentes como éste en las viviendas, que al dar mejor información permitan reforzar la eficiencia energética.
No están todas las que son, pero las que están desde luego cambiarán la forma en la que producimos y consumimos la energía en los próximos años.
PS: En una línea similar, aunque con un enfoque más “mainstream” e institucional y menos de largo plazo, Steve Chu y Arun Majumdar acaban de publicar en Nature esta revisión más exhaustiva (aunque en algunos casos coincidente). Gracias a Álvaro López-Peña por la pista.
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