Impuestos sobre el carbono: ¿Upstream o downstream?

A la hora de introducir un impuesto sobre el CO2, una cuestión importante es decidir sobre qué agentes se va a aplicar el impuesto. De esta forma, desde el punto de vista de las fuentes reguladas, los impuestos sobre el carbono se pueden aplicar sobre la producción e importación de combustibles fósiles (upstream) o sobre la fuente de emisiones a la atmósfera (downstream). Vamos a ver, de forma resumida, las ventajas y desventajas de cada opción según la literatura:

– En el caso upstream, dado que las emisiones de CO2 de un combustible están directamente relacionadas con el contenido carbónico del mismo, son los productores e importadores de combustibles fósiles los que pagan el impuesto. Puesto que se actúa en el punto en que el carbono entra en la economía, se garantiza que todas las emisiones de carbono están cubiertas. Además, el número de agentes regulados es mucho menor que en el caso downstream, con lo que se reducen los costes de transacción. Así, en EE.UU. regular unos pocos miles de empresas productoras de combustibles fósiles permitiría cubrir el 80% de las emisiones. Sin embargo, el sistema presenta inconvenientes, ya que, por una parte se eliminan los incentivos a reducir la contaminación por parte de los emisores individuales, mientras que por otra parte el efecto sobre estos emisores dependerá de la reacción de oferentes y demandantes de los combustibles a los cambios en los precios, con lo que no hay garantía de que el efecto sea el mismo para todos los combustibles, de manera que no se logrará trasladar adecuadamente el impuesto. En este sentido, si existe competencia imperfecta se amplificará la traslación del impuesto, ya que las empresas intermedias con poder de mercado aplicarán su margen sobre el nuevo precio incluyendo el impuesto, mientras que un sistema downstream solo afectará al último segmento de la cadena.
– En el caso downstream, el impuesto se aplica sobre todos aquellos agentes que provocan emisiones con el consumo de combustibles fósiles, lo que supone incluir a todos los sectores económicos. En principio este sistema parece el más adecuado, ya que está orientado a controlar la contaminación emitida. Además, su efectividad medioambiental también será elevada, ya que cubre a todos los usuarios de combustibles. Por otra parte, un precio del carbono más cercano al punto de emisión hará la política más visible para el contaminador, lo que puede dar lugar a una mayor respuesta. Sin embargo, se multiplican las fuentes reguladas, con lo que los costes de transacción y seguimiento y control asociados son muy elevados, lo que puede dar lugar a que algunos sectores no puedan ser cubiertos, lo que es económicamente ineficiente. En ese sentido, existen dificultades para calcular el contenido carbónico de los distintos bienes y servicios. Se podría utilizar un impuesto sobre el carbono añadido (del que ya nos habló Xavier Labandeira en el blog), similar al IVA, que gravaría el carbono que se añade a los productos en cada fase del proceso productivo, si bien algunos autores argumentan que al no poder calcular el contenido carbónico de añadido a los productos, habría que basarse en la huella de carbono a lo largo de la economía, lo que supondría enormes costes de cumplimiento y administración y por tanto no sería coste efectivo. Sin embargo, otros autores, aún estando de acuerdo en las dificultades para calcular las huellas de carbono, consideran que se han hecho progresos, que se acelerarán a medida que más países acepten reducir sus emisiones.

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2 comentarios en “Impuestos sobre el carbono: ¿Upstream o downstream?

  1. Siempre me ha sorprendido la escasa atención académica a esta cuestión, no solo con impuestos ambientales sino también con mercados de permisos. Como bien dice Xiral la cuestión está en comparar costes y beneficios. Entre los primeros fundamentalmente los costes de transacción, y entre los segundos la mayor o menor efectividad. En el EUETS parece que hay costes significativos de incorporar a muchos emisores menores, que podrían evitarse con una aproximación upstream que, además, podría permitir la incorporación del sector transporte al sistema (sin necesidad de parches impositivos que cubriesen los sectores no sujetos). Sin embargo, Xiral ha mencionado algunos de los problemas del upstream que también considera Michael Hanemann en una reflexión muy sugerente en su paper del Energy Journal (2009).

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  2. Por añadir un par de ideas a la ya muy completa entrada de Xiral:
    – se dice que en el upstream se eliminan los incentivos a reducir la contaminación por parte de los emisores individuales. Yo creo que esto hay que matizarlo, el incentivo no se elimina, ya que el extracoste se traslada al consumidor, lo que se reduce es, uno, su visibilidad (este es uno de los aspectos que menciona Hanemann en el paper que comenta Xavier); y dos, lo ya comentado por Xiral, la traslación al consumidor del sobrecoste (aunque esto no es necesariamente malo, tanto el productor como el consumidor mantienen la señal a reducir).
    – otro tema también muy importante es el del riesgo de fuga de emisiones, que típicamente es inferior en el caso upstream, ya que en el downstream requeriría impuestos en frontera o algo similar.

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