“Car taxes”: el laboratorio holandés

En julio de 2005 la Unión Europea aprobó una propuesta de Directiva para cambiar los impuestos sobre coches particulares en los países miembros. Los objetivos de esta iniciativa legislativa eran múltiples: conseguir una cierta armonización en los impuestos europeos sobre coches particulares (y un mercado más plano), adaptar los impuestos al uso del coche en lugar de su posesión y vincular su aplicación a un método más relacionado con las emisiones de CO2 y, por lo tanto, con los comportamientos ambientalmente más sostenibles.
La propuesta no entró en vigor, ni supuso requisitos obligatorios para los “car taxes” nacionales, pero si influyó en algunos gobiernos y estados para iniciar algunos cambios fiscales en esta dirección.
La influencia ha sido especialmente evidente en el caso holandés. En la actualidad, los holandeses pagan un 27,4% de impuesto sobre el valor final del coche en el momento de compra (ha descendido gradualmente desde el 40%), además de un impuesto anual por la posesión. Ambos impuestos no son corregidos por ningún factor de uso. Tampoco tienen vínculo alguno con las emisiones de CO2. Holanda, por lo tanto, es uno de los países que tendrían que reformar su sistema de “Car Taxes” para adaptarlos a la Propuesta de Directiva europea.
En 2009, Camiel Eurlings, Ministro de Tráfico y Vias Fluviales, presentó una propuesta radical de reforma de la imposición holandesa sobre vehículos privados. La idea era cobrar impuestos solamente en función de los kilómetros viajados – “el impuestos kilómetro”, así denominado-. Los propietarios de los vehículos debían instalar dispositivos GPS en sus coches y un organismo del gobierno gravaría los datos posicionales de cada vehículo. A fin de mes, cada propietario recibiría una “factura impositiva” en base a los kilómetros viajados.
El motivo del cambio no era solo el cumplimiento de la norma europea. De hecho, la propuesta holandesa iba más allá. Se trataba, además, de generar ingresos más estables para el gobierno. Con el avance tecnológico, los coches consumirán cada vez menos gasoil y gasolina en el futuro. De mantener las cosas como hasta ahora, con impuestos fijos sobre la posesión del vehículo y fuertes tasas sobre combustibles, el sistema no sería sostenible a largo plazo. Otro factor importante para el caso holandés es la permanente congestión de sus carreteras. El país está altamente poblado y las posibilidades para expandir la actual red de carreteras son limitadas. Las carreteras alrededor de los centros económicos del país sufren tremendos atascos diarios durante las horas punta. De esta manera, la reforma permitiría gravar también el uso de carreteras cuyo mantenimiento es costoso. Al final, el nuevo “Car Tax” abordaría simultáneamente todos estos problemas: sostenibilidad de los ingresos, reducción de emisiones, congestión y mantenimiento de carreteras.
Para convertirse en una herramienta capaz de conseguir todo esto, se hacía depender el tipo impositivo del peso, las emisiones y el consumo del coche, así como de la hora y el tipo de carretera usado. De esta forma, se generaba un incentivo para no circular durante las horas punta y en las carreteras más congestionadas. El ministro Eurlings dijo en enero de 2010 que el nuevo impuesto podría reducir los atascos hasta un 50% en Holanda.
No obstante, hasta ahora esta reforma no ha sido aplicada en Holanda. Primero, su entrada en vigor, prevista para 2010, se retrasó a 2011. Poco después, en marzo de 2010, el ministro Eurlings se retiró de la política por motivos personales y su partido paró el programa ante las fuertes protestas de la sociedad. La privacidad y protección de datos son problemas obvios del nuevo sistema. Además, es costoso instalar los dispositivos GPS en los coches. Y generó mucho debate también la incidencia del impuesto en términos de equidad, puesto que perjudica a las personas que viajan diariamente una distancia larga para llegar a su trabajo.
A pesar de estos problemas, los planes estaban muy avanzados. Bélgica y Luxemburgo habían entrado ya en negociaciones con Holanda para instalar un sistema conjuntamente. Pero después de la retirada holandesa, belgas y luxemburgueses, decepcionados por el repentino repliegue holandés, decidieron parar sus proyectos.
Los planes reformistas del Benelux, no obstante, señalan el futuro del “Car Tax” privado. El primer intento ha fracasado, pero los planes e ideas siguen en la mente de los políticos. El 20 de mayo de 2011, la revista automovilística “autoweek” comentó que el tema volvía a ser discutido por el gobierno holandés. Puede ocurrir que el “impuesto kilómetro” sea una realidad en Holanda dentro de pocos años. La experiencia holandesa y belga ha demostrado las ventajas del nuevo sistema. La clave para conseguir el apoyo de los ciudadanos será buscar algún tipo de solución para los problemas de privacidad y protección de datos.
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